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Reportaje:

Tirar piedras a la luna

Policías, guardias civiles, teóricos y políticos debaten en Valencia sobre cómo anticiparse al delito

¿De qué sirve tirar piedras a la luna? Aún a sabiendas de nunca se va a alcanzar el objetivo, se puede saber quién tira más lejos. Algo parecido ocurre con la prevención del delito. No existe la seguridad absoluta, no hay ciudad sin delito, pero al intentar prevenir las acciones delictivas se puede avanzar y alcanzar una mayor seguridad. Ése fue, en esencia, el planteamiento inicial del catedrático de Sociología de la Universidad de Valencia Jesús de Miguel, encargado de pronunciar la primera ponencia en las II Jornadas de Seguridad que ayer se inauguraron en Valencia, en el Parador de El Saler, y cuyo objetivo es incidir en la coordinación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para alcanzar mayores cuotas de eficiencia, siempre en sintonía con los ciudadanos..

La exposición del catedrático De Miguel, con el título Socios en la seguridad, valoró la evolución de algunos conceptos en la sociedad moderna relacionados con la seguridad y cómo determinados factores inciden en la percepción de inseguridad que los ciudadanos -mucho más los de las urbes que los de espacios rurales, ya que los primeros sufren cuatro veces más delitos contra las personas y tres veces más delitos contra el patrimonio- tienen en su vida cotidiana.

Entre esos conceptos, De Miguel compartió su reflexión sobre cómo sienten las personas el riesgo, la seguridad y el miedo. El catedrático lo define como un "iceberg". De Miguel entiende que se revela sólo una parte del que existe. Sobre la inseguridad afirmó que se experimenta "en cómo las personas perciben las cosas, por dónde transitan, cómo llevan el bolso cuando van por determinados sitios". Y del miedo dijo que "es a veces peor que el delito" porque "inmoviliza a muchas personas que tienen una percepción del riesgo muy alta".

Y en relación con esas percepciones, De Miguel dijo que influyen las estadísticas, "muy parciales", y las noticias, la comunicación. Para ilustrar esa opinión afirmó: "Si uno mira los periódicos de ayer [refiriéndose a los del martes], parece que el problema de los maltratos sea uno de los más importantes. Voy a ser políticamente incorrecto, pero lo voy a decir: no es un gran problema, probablemente sea uno de los menos importantes. España es uno de los países donde menos mujeres son maltratadas, y desde luego donde menos mujeres mueren. Basta decir que han muerto 65 mujeres para que el fenómeno sea importante. Eso, en términos de seguridad, es contaminación. Les ocurre mucho menos que a los varones. El fenómeno del miedo, la inseguridad, es más importante que el propio hecho".

Para De Miguel, -que hizo su exposición ante una treintena de personas, responsables de la Administración, como Agustín Domingo Moratalla, de la Delegación de Gobierno en la Comunidad Valenciana, Luis Ibáñez, director general de Interior del Consell, y de la Policía Nacional y la Guardia Civil-, anticiparse al riesgo es anticiparse al delito.

La cooperación entre policías y ciudadanos, y el cambio de cultura y de mentalidad de los agentes hacia los ciudadanos para que la sociedad recupere la legitimidad de los mismos en materia de seguridad son los argumentos fundamentales que Agustín Domingo, que también es catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valencia, destaca de las jornadas que se clausurarán mañana y de cuya organización es en buena parte responsable. Los debates sobre casos prácticos con vecinos y comerciantes, el papel del 112 y la experiencia de nuevos modelos de relación entre policías y ciudadanos que ha ensayado la ciudad de Nueva York -será Nicholas Estavillo, jefe de seguridad ciudadana de la ciudad estadounidense, quien lo explique- son materias aún pendientes de debate.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de noviembre de 2003