"Me 'botó' de casa y me dejó fuera como un perro"

"Me cogió del brazo, me botó de casa, me cerró la puerta y me dejó fuera como un perro". María cuenta que lleva un mes sin pisar su domicilio y vive alquilada en una habitación desde que el padre de sus tres hijos -entre 14 y 9 años- la echó de la vivienda que compartían después de una fuerte discusión, en la que tras agredirla, la amenazó de muerte con un destornillador en las manos.

María no se llama María. Es una mujer ecuatoriana que rebasa los 30 años y prefiere ocultar su nombre y cualquier otro dato que pueda dar indicios sobre su identidad. Llegó a Valencia en diciembre de 2000, seis meses después de su compañero, para iniciar una nueva etapa de convivencia en España. Desde los 21 años vivían juntos. "Como todas las parejas teníamos nuestros problemas", comenta, aunque éstos se agudizaron especialmente a partir de su último embarazo. "Se hizo callejero; había viernes que salía con sus amigos y volvía el domingo". Las broncas se repetían cada vez más a menudo. "Cada vez que le pedía explicaciones o le decía que no se fuese me daba golpes e insultos", señala. La situación empeoró cuando María se enteró de que su pareja empezó a salir con otra mujer del barrio. "Me pegó una paliza y decidí irme a casa de mi padre".

Entonces le puso la primera denuncia por malos tratos, pero no salió adelante. Primero porque su compañero puso tierra de por medio, como relata, y abandonó la ciudad en la que vivían. Más tarde, regresó y comenzó un acercamiento que acabó en reconciliación y retirada de la denuncia. "Volví por mis hijos", explica, "me dijo que se arrepentía de todo y que iba a cambiar".

En verano de 2000 él se vino a España y María le siguió en diciembre. Durante los cinco meses que precedieron a la llegada de los hijos las cosas funcionaron bien. Luego, volvieron los problemas y con el tiempo la pareja se deshizo a pesar de vivir bajo el mismo techo, que compartían con familiares y amigos de él, además de los hijos. El detonante de la última paliza fue una discusión motivada por el pago de los gastos de los niños. "Hace un mes me pegó y me dijo que si volvía a casa me mataba". María presentó una denuncia por malos tratos y la ganó. Además se dictó una orden de alejamiento. Su ex pareja la recurrió y cambió la cerradura, por lo que además de impedirle acceder a sus pertenencias, María se vió separada de sus hijos.

Desde entonces, los encuentros con los niños han sido muy breves. "A veces me llaman por teléfono cuando salen del colegio, o les voy a ver", apunta. Aprovecha el tiempo que le queda después de trabajar cuidando a una mujer y limpiando pisos para acercarse a la escuela de los chavales. "La situación es fatal, el abogado me dice que tenga fuerza", comenta. De momento, ha vuelto a denunciar a su ex pareja por cambiar la cerradura, aunque después de 20 días, su letrado denuncia que no se sabe el juzgado que lleva el caso. "Se supone que estos temas han de llevarse con rapidez, pero llevamos casi tres semanas esperando", critica su abogado, Ignacio Amat. Ayer se produjo el penúltimo incidente cuando María trató de acceder a su casa para recoger objetos personales y se encontró con una nueva respuesta violenta de su ex pareja.

Amnistía Internacional pidió ayer al Gobierno que garantice una protección homogénea de las mujeres en toda España y prestar especial atención a la situación de las mujeres rurales, solicitantes de asilo e inmigrantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de noviembre de 2003.

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