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Crítica:

Entre padecimiento y dicha

Buenos personajes y escenarios descritos con maestría adornan Oxígeno, el tercer libro del británico Andrew Miller: una investigación sobre la insatisfacción y la fragilidad de la condición humana. El encuentro familiar de una mujer sexagenaria a punto de morir y sus dos hijos permite a Miller ahondar en la cercanía entre sufrimiento y alegría.

Abandona Andrew Miller (Bristol, 1960) en Oxígeno la época barroca en la que transcurrían sus dos anteriores novelas, El insensible y El ocaso de un seductor, para construir una historia estrictamente contemporánea sobre la poca distancia que media entre el padecimiento y la dicha. Una mujer sexagenaria, Alice Valentine, está a punto de morir de cáncer en Inglaterra. Su hijo menor, Alec, que ha dejado su trabajo de profesor para dedicarse a la traducción literaria, se ocupa de ella en su casa mientras esperan la llegada del hermano mayor, Larry, un actor que vive en Estados Unidos con su mujer y su hija. Ninguno de los tres tiene la vida que querría aunque cada uno por separado ignora la infelicidad de los otros. Alec está acomplejado por los supuestos éxitos de su hermano y por saberlo el favorito de la madre; Larry, que ciertamente tuvo una fama efímera gracias a su intervención en una serie de televisión, ha entrado sin embargo en barrena tras ser despedido, y Alice, viuda de un alcohólico del que no estaba enamorada, consume sus últimos días entre la amargura y la obsesión por visitar otra vez la casa donde nació. Hasta la definitiva reunión familiar, en la que, de manera imprevista, los tres hallarán una grácil reparación a su desconcierto vital, desvelando así la radical fragilidad de la condición humana, Miller nos da cuenta de ellos en fragmentos narrativos alternos, que intercala con otros referidos a un cuarto personaje: László Lázár, el autor del libro que Alec está traduciendo, un húngaro exiliado en París acosado a su vez por un descontento íntimo (su poco heroica participación en la revolución húngara de 1956, en la que dejó morir a su amante de entonces al no haber sabido defenderlo, como era su misión, de los disparos de la policía) que también logrará encauzar al final. Al igual que en el diseño estructural, Miller acierta en la construcción de personajes, sólidamente dibujados en su caracterización individual y en la tupida red de sentimientos que los relacionan entre sí; la atmósfera de los diferentes escenarios está magníficamente recreada gracias a la calidad de una escritura que resulta precisa sin hacer exhibición de ello, y los conflictos tratados tienen la virtud de ser hondos al mismo tiempo que perfectamente reconocibles, cuando no comunes; características todas que vuelven a señalar a Andrew Miller como el dotado escritor que es y que hacen de Oxígeno una obra de placentera y provechosa lectura, a pesar de que, llevado por la facilidad y el exceso de confianza en sí mismo, abre caminos que luego no desarrolla, da vueltas innecesarias y se pierde en una trama de espionaje, tan complaciente como inverosímil, alrededor de la figura de László Lázár.

OXÍGENO

Andrew Miller

Traducción de Gemma Rovira Ortega

Salamandra. Barcelona, 2003

317 páginas. 14,90 euros

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 2003

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