Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:COMPROMISO MATRIMONIAL DEL HEREDERO DE LA CORONA

La vida desconocida de una cara muy popular

Los familiares y amigos de Letizia Ortiz, de 31 años, describen a la futura esposa del Príncipe como una mujer amante de su trabajo, lectora empedernida, cariñosa y entregada

Letizia Ortiz Rocasolano, de 31 años, se ha colado cada noche en los hogares españoles desde el pasado mes de septiembre. Una imagen sobria y hasta cierto punto distante que explicaba a los espectadores del Telediario de las nueve las noticias del día, mano a mano con Alfredo Urdaci. Pero cuando ella se convirtió en la noticia del día, en protagonista femenina de la primera gran boda del milenio en España como prometida del heredero de la Corona, los cuatro millones de espectadores que noche a noche la tuvieron ante sí a la hora de la cena, proyectada por el tuvo catódico, se dieron cuenta de que esa mujer asturiana era una perfecta desconocida. Y la pregunta que ayer sacudió el país suena a canción de José Luis Perales: ¿Y quién es ella, a qué dedica el tiempo libre?

"Prefiero el cielo gris, plomizo, de Asturias, al velazqueño de Madrid, que me impone"

Letizia se casó con Alonso Guerrero en Almendralejo y se separó en un año

La historia de la futura Reina arranca en Oviedo un 15 de septiembre de 1972. Paloma Rocasolano, madrileña, casada con Jesús Ortiz, asturiano, daba a luz una niña a la que pusieron por nombre Letizia.

La madre, enfermera, y el padre, periodista radiofónico, educaron sobriamente y con gran cariño a su hija. Ya de niña, Letizia Ortiz escuchó la llamada de la radiodifusión.

La que será Reina desveló en alguna ocasión que su pasión por la información audiovisual se remonta a los tiempos en que cursaba estudios primarios en el colegio público La Gesta, de Oviedo. Muchas tardes su abuela Menchu Álvarez del Valle, una de las voces más populares de la radio asturiana de la segunda mitad del pasado siglo, la llevaba a la emisora Radio Oviedo, reconvertida más tarde en Radio Cadena Española, donde su padre también trabajaba en los servicios técnicos. Casi todas las tardes, con seis y ocho años, merendaba en la emisora y era allí, entre micrófonos y máquinas de escribir, donde hacía sus deberes escolares.

Primer programa

Hija, nieta y sobrina de periodistas, rápidamente se embebió del espíritu de la profesión, que con el tiempo se convirtió en uno de sus principales temas de conversación y en su vocación, aunque llegó a pensar en dedicarse a la veterinaria. "Yo en mi casa vivía rodeada de los periódicos asturianos y recuerdo a mi padre, de madrugada, dirigiéndose al monte Naranco porque había una avería en el equipo emisor de radio", declaró recientemente en Radio Asturias, de la Cadena SER. Su primer escarceo radiofónico se remonta a los años 80. Cuando Letizia estudiaba entre séptimo y octavo de EGB realizó junto a otras compañeras del colegio un programa matinal infantil de los sábados, llamado El columpio, en el que ella ejercía de guionista con la ayuda de su progenitor.

Sus hermanas no sintieron la llamada de la profesión familiar y optaron por estudiar Bellas Artes y Ciencias Económicas. Una de ellas reside actualmente en Jerusalén, donde colabora con la ONG Médicos sin Fronteras. Letizia se mudó a Madrid con 15 años por el traslado profesional de sus padres y en la capital ha vivido.

Fue entonces cuando recaló en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid, en el extrarradio de la capital, después de que su padre, Jesús Ortiz, rompiera su vinculación laboral con Antena 3 Radio y abandonara definitivamente el Principado. Buscando una ubicación para fijar la residencia familiar, Ortiz descubrió la urbanización Montesport, donde compró un chalé adosado de 230 metros cuadrados, repartidos en dos plantas, y con una parcela de 500 metros que hace esquina en las calles de Río Guadarrama y de Río Jarama. Pagaron por esta vivienda 14 millones de pesetas. Allí vivieron los cinco miembros de la familia: los padres, Letizia y sus dos hermanas, Thelma y Erika. El padre cocinaba cada día de Reyes una fabada, para alborozo familiar.

Letizia cursó el bachillerato en el instituto Ramiro de Maeztu, donde conoció a Alonso Guerrero, quien años más tarde se convirtió en su marido, aunque el matrimonio civil fue disuelto al cabo de un año. Los veranos solía pasarlos en las playas de Ribadesella. La futura Reina solía acudir a la casa de piedra llamada La Arquera, un caserón de arquitectura asturiana del siglo XVIII, donde vive su abuela paterna, ya jubilada. Menchu Álvarez del Valle y su esposo, José Luis Ortiz Velasco (antiguo comercial de la casa de máquinas de escribir Olivetti) mostraban ayer mismo en esta casa su "emoción y felicidad" por el enlace.

La casona, cuyo salón es un antiguo establo reconvertido, está situada en el núcleo de Sardeu, cerca del Carmen de Ribadesella. Hace poco recordaba sus baños en las frías aguas del Cantábrico: "Yo me meto [en el agua], aunque me duelan las orejas, porque a veces duelen. Pero lo echo mucho de menos, porque está el paisaje, el ambiente, el aire que respiras, tomar unas parrochas [sardinas pequeñas] con un culín de sidra; y ese cielo gris, plomizo, que me encanta y que prefiero al velazqueño Madrid, que a veces me impone".

La prometida de quien reinará como Felipe VI estudió periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Aún conserva amigos de su etapa de universitaria, donde se acrecentó su desmedida pasión por la lectura, tanto de ensayo y de novela como de prensa. Sus amigos la recuerdan cargada casi siempre con un mazo de periódicos bajo el brazo. Entre 1992 y 1993 fue becaria en el diario La Nueva España, de Oviedo, donde hizo sus prácticas en las áreas de economía, televisión y espectáculos. Cumplía uno de sus anhelos, volver cada vez más a su Asturias natal. "Pretendo ir cada vez más a Asturias, para disfrutar de tantos parques naturales y en el parque nacional, de tantos sitios que hay para elegir", confesaba hace pocos meses a unos compañeros de profesión.

Todavía en la facultad, comenzó a colaborar en Abc (fue corresponsal en Rivas Vaciamadrid) y la agencia Efe, donde realizó su labor en la edición de internacional durante el último año de carrera. Terminada ésta, realizó un master en información audiovisual y se desplazó a México, donde permaneció un año cursando estudios de doctorado, a la vez que trabajaba en el diario Público, de Guadalajara (Jalisco). Conserva de entonces su afición por leer todo lo que cae en sus manos sobre Hispanoamérica. No llegó a leer la tesis doctoral, pero aquella etapa, lejos de casa, y en otro país, constituyó un periodo de enriquecimiento personal, académico y profesional.

La ruptura

Letizia Ortiz, tras 10 años de relaciones, se casó en 1998 con Alonso Guerrero, en Almendralejo (Badajoz), de donde es natural él, profesor de Literatura. Entonces abandonó el domicilio familiar para trasladarse, también dentro del municipio de Rivas, a un modesto piso en la plaza de Madrid, en la urbanización Covibar. Pero entonces, dos episodios sacudieron la vida de la prometida de don Felipe. Su padre, Jesús Ortiz, y su madre, Paloma Rocasolano, enfermera con plaza en el ambulatorio de Moratalaz (Madrid) y miembro del sindicato de enfermería SATSE, rompían su matrimonio. Y también rompían su enlace la propia Letizia y su marido.

Letizia estaba entonces en pleno despegue televisivo en la cadena de noticias CNN+ (del grupo Prisa), donde fue una de las caras del equipo fundacional. Francisco Basterra, director de la cadena, la recuerda bien: "Fue en gran medida la cara del canal, junto a Marta Fernández. Tenía deseos de llegar alto, de ser una gran periodista. Profesionalmente, se hizo en CCN +, pero buscaba que su imagen trascendiera y la viera mucha gente. Pensaba ya en una televisión en abierto y estaba muy segura de sí misma en el aspecto profesional".

La cadena le adjudicó el turno matinal y durante dos años su vida comenzaba a las cinco de la mañana. Un taxi la recogía cada mañana en la puerta de su casa en Rivas y la conducía hasta Torre Picasso, en pleno corazón financiero de Madrid, donde CNN+ tenía sus estudios. Todavía no tenía carné de conducir.

La novia de don Felipe, que mantiene excelentes relaciones con sus progenitores, se marchó a vivir en 1999 al distrito de Moratalaz, en Madrid, junto con su madre, quien se encarga de la gestión de los asuntos laborales de los profesionales de enfermería en los centros de salud y ambulatorios del Área Sanitaria 1, de la Comunidad de Madrid, que comprende Vallecas y Moratalaz.

Letizia Ortiz, de porte elegante, aficionada a los trajes de chaqueta (sobre todo con pantalón) y sobria en los complementos, se incorporó en 2000 a Televisión Española. Pedro Roncal, que buscaba caras nuevas, se fijó en ella para el Canal 24 Horas. Pero Urdaci, que la llevaría hasta la segunda edición del Telediario, la destinó antes a Informe Semanal, donde sustituyó durante el verano a su presentador, Baltasar Magro. El pasado mes de septiembre, Letizia Ortiz empezó a llegar cada día a cuatro millones de espectadores en el parte de las nueve de la noche.

"Transmitía seriedad y dulzura. Tenía muchas ganas de hacer televisión, era adicta al trabajo y estaba loca por irse de corresponsal", recuerdan sus compañeros. Su afición al trabajo, en horario laboral o no, también la recuerda José Antonio Álvarez, uno de sus vecinos de toda la vida en Rivas. "Te la encontrabas un domingo con 12 periódicos y yo le decía, 'pero Letizia, ¿cómo no estás con tus amigos?' y ella me contestaba 'hay que leerse todos los periódicos para conocer de verdad la actualidad".

La prometida del Príncipe de Asturias se mudó hace algo más de un año a vivir a Valdebernardo, uno de los barrios de nueva construcción de Madrid, surgido del Plan 18.000. Poco a poco fue amueblando este nuevo piso, donde compartió las quejas con los demás vecinos por el insoportable ruido de la cercana carretera de circunvalación M-40. La Letizia de los últimos años cubrió todos los grandes frentes informativos, desde los atentados contra las Torres Gemelas hasta la guerra de Irak, pasando por el desastre del petrolero Prestige o la Cabalgata de los Reyes Magos. Quienes la acompañan en sus días de ocio, en sus salidas nocturnas por Madrid, cuentan que, a pesar de su aparente frialdad, los ojos delatan claramente su estado de ánimo. Dicen de ella que es una mujer habladora, de su tiempo, extremadamente amable, y con una capacidad para preguntar hasta el mínimo detalle a la persona que acaba de conocer, pero sin molestarla. Salvo uno o dos miembros de ese grupo de amigos (dos mujeres), ninguno tenía una idea precisa de las relaciones que mantenía. Cuando alguien le preguntó con quién mantenía relaciones, contestó: "Ya te enterarás y te vas a quedar de piedra".

La pareja se había conocido en octubre del año pasado en una cena en casa del periodista Pedro Erquicia, con vistas a la Puerta de Alcalá, adonde Letizia acudió acompañando al director adjunto de Informe semanal, Manuel Rubio. El Príncipe y la periodista, según asistentes a la cena, "se cayeron muy bien, congeniaron enseguida y estuvieron bromeando casi toda la noche. Fue el comienzo de una relación". Don Felipe se levantó de la cena y se marchó a eso de la una de la madrugada.

Letizia Ortiz acumula en su casa libros y libros, novela y ensayo. Uno de sus escritores totémicos es el periodista polaco Ryszard Kapucinski, a quien entrevistó hace una semana en Oviedo con motivo de la entrega del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y, sobre todo, por su obra Los cínicos no sirven para este oficio. Pero también es una apasionada del cine, hasta el punto de haber hecho una incursión en ese campo con el cortometraje La llamada del ángel

La misma noche en que entrevistó a Kapucinski, Letizia Ortiz acudió con unos amigos al popular pub Santa Sebe, de Oviedo, muy conocido por sus actividades musicales y amenazado de cierre por protestas vecinales. Antes de irse, la que será Reina firmó el manifiesto en apoyo de la continuidad del bar. Quizás como parte del compromiso con la cultura que Jesús Ortiz, su padre, recordaba ayer como uno de los atributos de su hija. "Es una persona perfeccionista, cariñosa, entregada y aficionada a todo lo que tiene que ver con la cultura y la literatura, porque es una lectora empedernida. Es muy responsable y realmente tiene la cabeza muy bien amueblada".

Información elaborada con datos de Rosario G. Gómez, Álvaro de Cózar, Vera Gutiérrez, Mabel Galaz, Oriol Güell y Jorge A. Rodríguez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de noviembre de 2003