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COLUMNA

Efectos

De repente, cuando nadie lo esperaba, la economía de Estados Unidos registra un crecimiento del 7,2%, el mejor trimestre en los últimos 19 años. ¿Verdadero? ¿Falso? Una vez que la noticia se difunde en la primera página de los mejores diarios del mundo, podría darse por fiel reflejo de la realidad. Pero ¿qué es el reflejo de la realidad?, ¿cuál es la fidelidad de la realidad al reflejo?

Aquello que con mayor apremio necesitaba Bush para compensar su fracaso en Irak era un buen dato en la economía doméstica. Aquí está. El secretario de Comercio, Don Evans, ha declarado tras la publicación del 7,2%: "Estamos haciendo crecer la economía y pronto haremos crecer el empleo". ¿Se refiere a que ya han apañado la contabilidad del PIB y aún les falta culminar la manipulación del paro? No sería extraño. La mentira ha sido la inspiración de la política exterior en la Administración de Bush, ¿por qué no iba a serlo también de la política interna? Wall Street se manifestó tan escéptica ante la cifra del 7,2% que su reacción ese jueves fue no sólo de indiferencia, sino que en algún momento bajó el Dow Jones. De acuerdo con los expertos, la Bolsa neoyorkina necesitaría nuevos datos positivos en los próximos trimestres para creer en una recuperación real. Sin embargo, ¿qué le impediría a la Administración norteamericana volver a mentir durante los próximos meses? Tanto la CIA como los departamentos de estadística han ido pasando de ser simples recolectores de información a fabricantes, de manera que la condición de lo real y de lo falso rebotan entre ellas. O como dice Makelele desde Londres: "Mi problema en el Real no era de dinero, sino de comunicación. Llegó un momento en que no se veía la verdad por ninguna parte".

Así como en el mundo del cine y del espectáculo la ficción se convalida continuamente por la realización, en el mundo de los grandes beneficios financieros, en las burbujas mobiliarias e inmobiliarias, en las últimas promesas electorales, ocurre también lo mismo. Sólo el suceso espectacular crea noticia y la verdad huye de la vista. Un 7,2% de crecimiento parece demasiado alto para ser cierto. Pero, por el contrario, demasiado espectacular para no conquistar efectos verdaderos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de noviembre de 2003