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Crítica:

Instantes frágiles y decisivos

La XV edición de la Bienal Internacional del Deporte en el Arte reúne en Salamanca los trabajos de 26 artistas nacionales e internacionales. Fotografías, collages, esculturas e instalaciones, la mayoría de ellas realizadas o adaptadas para la ocasión, componen la muestra.

Las buenas exposiciones de fotografía cuyo argumento es el deporte no abundan (incluso las que tomando la imagen fotográfica como punto de partida derivan en un mestizaje con ésta). Menos aún los espacios multidisciplinares de reflexión en torno a ese conjunto de instantes frágiles y decisivos en los que el medio, de una u otra manera, se ve implicado (como es el caso de la bienal que nos ocupa) y dialoga con otras variantes plásticas a las que no le es ajeno. Recuerdo una de referencia (100 fotos para un siglo de deporte, que mostraba, exclusivamente, foto pura y dura), presentada el pasado año en España, coproducida por el Museo Olímpico de Lausana y L'Equipe, que reunía la obra de 55 fotógrafos, a algunos de los cuales jamás se les asociaba en los manuales con esta especialidad: Cartier-Bresson, Doisneau, Capa, Kertész, Rodtchenko, Eugene Smith.

XV BIENAL INTERNACIONAL DEL DEPORTE EN EL ARTE

Centro de Arte Salamanca y Sala de exposiciones Santo Domingo. Salamanca

Hasta el 23 de noviembre

Ahora, el Centro de Arte Salamanca y la Sala de Santo Domingo acogen la XV Bienal Internacional del Deporte en el Arte. Para la ocasión se han invitado a 26 artistas nacionales e internacionales, que han creado una obra específica para la convocatoria -en algún que otro caso, mejor seleccionado o adaptado-. Aquí hay de todo y para todas las estéticas, si bien sus capítulos se resumen en instalaciones, fotografía y arte tecnológico. Sus responsables, Marta Moriarty, comisaria de la muestra, y Antoni Areán, director artístico, han apostado, salvo en contadas ocasiones, por el deporte plásticamente concebido como la concreción de unos instantes contradictorios de contemplación y, formalmente, lo han hecho por un mestizaje de técnicas que en ocasiones más que percibir la fotografía en sí misma deja notar su presencia -como esencia o accidente-.

Así, Raúl Cancio, fiel a una precisa instantánea, presenta 12 tomas de distintos deportes hechas en otros 12 periodos diferentes, en las que permeabiliza tanto el esfuerzo como la emoción del deportista, sincronizándola con la del fotógrafo al realizar el disparo. Naia del Castillo hace una peculiar interpretación, casi teatral, del tiro con arco, no sin una aportación literaria ("las flechas son como serpientes que vuelan" y además evoca la leyenda de Guillermo Tell), para terminar con una foto, síntesis del proceso. La sombra del collage está presente de forma especial en la producción de Sarah Lucas (el fútbol como excusa) y en la de Sean Mackaoui (que dice que "los dedos son atletas que hacen flexiones con las tijeras. (...) Los dedos sudan collages"). Interesante propuesta la de Mariana Lían, que opta por una revolución social del deporte, remitiéndose a las iniciativas pedagógicas de Krause, Montessori y Giner de los Ríos, que lo retomaron en las escuelas para introducir el concepto de fair play.

En conjunto, una interesante muestra especializada, con una apretada agenda de itinerancias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de octubre de 2003