Reportaje:

"Tan emocionada como una novia"

La hija mayor de Picasso visita por primera vez en su vida la casa natal del pintor, las vísperas de la inauguración del museo

Ayer se despertó por primera vez en su vida en la ciudad natal de su padre. Abrió la ventana y cuando vio el sol -"mi padre era un hombre del sol y del calor"- se emocionó: "Es el mismo que han sentido mi abuelo, mi abuela, mi padre..." Después se trasladó a la casa natal. Allí, cuando vio su vestido de bautismo y los objetos de la sala que reconstruye el ambiente familiar en 1881 en la Plaza de la Merced, no pudo reprimir las lágrimas.

Repetía "qué pena que él no haya podido volver". Es su segunda visita a Málaga. La primera, en los años 60, duró horas: "Quise ir a la playa que sentir el olor que mi padre me había descrito y no pude aguantarlo, me escapé y no volví nunca". Ahora ha venido para una exposición sobre su tía Lola, con la que vivió en Barcelona varias temporadas, y la apertura del museo.

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Picasso la bautizó con el nombre de María de la Concepción, con sus propias manos: "Nací como muerta y él mismo que me echó agua encima de la cabeza y me puso el nombre de Concha, como su hermana que murió en Coruña. Paulo también fue bautizado, pero Claude y Paloma, no. Las niñeras no sabían decir Concha; decían 'Con-quoi [Con-qué]', así que papá me dijo 'se ha acabado, di que te llamas María', que era el nombre de su madre. Yo en vez de María, decía maïa y Maya me quedé".

Es el vivo retrato de su padre, el mismo aspecto, la misma vitalidad, y sentido del humor. Hay dos diferencias: Unos hermosos ojos azules y el pelo rubio claro, heredados de su madre, Marie-Thérèse Walter. Cuando habla se nota una complicidad especial con Picasso: "Es que una hija no es una madre, ni una mujer, ni una amante..." Tras el suicidio de su madre, en 1977, Maya tardó 20 años en leer la correspondencia amorosa entre Pablo y Marie-Thérèse: "Tengo todas sus cartas de amor durante 30 años, mi padre le escribió hasta ocho días antes de morirse. A veces hasta cuatro cartas al día". Fue duro, según cuenta. Pero el peor momento, después de muerto su padre, fue cuando su sobrina Marina, hija de su hermano Paulo, con su primera mujer, Emmanuelle Lotte, publicó Picasso, mi abuelo, un retrato despiadado del pintor. "Lo leí entero, pero me ponía enferma, con 40º, orinaba sangre. Es terrible que dijera que era el genio del mal".

Maya nació en 1935. Su hermano Paulo, marido de Christine y padre de Bernard, nació en 1921; Claude, en 1947 y Paloma en 1950. En su juventud estuvo mucho tiempo viviendo en Madrid y en Barcelona. En Madrid, en 1953, consiguió que decenas de jóvenes la llevaran a la parrilla del Ritz a bailar una noche tras otra. "Vivía en la pensión Santa Bárbara, un sitio modesto, cerca del Liceo francés. Mi padre me dio un consejo 'vive humildemente, pero con mucho dinero en el bolsillo'; después mandó a su banquero, a amigos, a Paulo a vigilarme. Me decían 'venimos sólo a verte' pero yo sabía que él quería conocer con quién iba, era celosísimo".

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"Me hablaba mucho de España; sobre todo de Málaga, de su escuela, de cómo su madre le preparaba bocadillos con aceite, tomate y jamón y él lo metía en el pupitre, levantaba la tapa y olía... Le gustaba ir a la playa a ver a las mujeres. Su primer recuerdo, de bebé, en el suelo, era que le daban un papel para que recortara con las tijeras de costura de su madre".

Extrovertida, Maya Ruiz Picasso reivindica que en eso se parece a su padre: "Era muy payaso; una vez estaba enferma y se puso a decir tantas bobadas para hacerme reír que me puse con 40º de fiebre y mi madre tuvo que intervenir para que parara". La pintó muchas veces, pero sólo posó un par de veces: "Una de ellas cuando fui a cumplir los 18 años: tuve que posar a las cuatro de la mañana, a los 18 años precisos. Era muy supersticioso y a pesar de eso le mandaba pelo que se cortaba a mi madre, aunque podría servir para un hechizo".

Ayer, en la casa natal escribió que estaba "tan emocionada como una novia; estar aquí donde ha nacido mi señor padre... podría ser el día de mi muerte y con mucho gusto además". Maya ha vuelto a casa, en el camino de vuelta de Picasso.

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