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Crítica:Citroën C2

Un pequeño GTi muy práctico para la ciudad

Es el Citroën más pequeño, el sucesor del Saxo. Un coche de 3,6 metros de largo, ideal para la ciudad, que resalta por su diseño creativo, flexibilidad interior y matices deportivos: divierte al volante, cuenta con motores de hasta 110 CV y puede incluir un cambio secuencial sin pedal de embrague.

El nuevo C2 es el modelo que propone Citroën para circular a diario por la ciudad, la alternativa de la marca francesa a los Ford Ka, Renault Twingo y los hermanos gemelos, el Seat Arosa y el VW Lupo. El nuevo modelo comparte las ventajas de sus competidores en cuanto a facilidad de aparcamiento y economía de uso, pero añade además otras características

diferenciadoras: diseño vanguardista, interior modulable y un toque deportivo para disfrutar al volante. Un coche urbano muy completo.

El C2 sólo se vende en carrocería de tres puertas y está ya a la venta en España con unos precios a partir de 10.400 euros con motores de gasolina y desde 12.150 euros en turbodiésel (1.4 HDi). Además, como detalle innovador en este tipo de coches, se ofrecen versiones con cambio secuencial y mandos en el volante.

Creatividad en pequeño

El benjamín de Citroën aporta una línea creativa y con personalidad. Destaca su frontal

consistente, los pasos de ruedas abultados y unas ventanillas traseras que, aparte de originales, mejoran la sensación de desahogo y la visibilidad en las plazas posteriores. Pero la imagen del C2 resulta especialmente sugerente con el acabado deportivo VTR, que incluye grandes llantas de aleación, faldones laterales y paragolpes más robustos.

El interior también es vistoso, aunque el salpicadero, idéntico salvo en los colores al del C3, le resta poder de seducción.

El C2 mide 3,6 metros de largo e incluye cuatro butacas individuales. Ofrece una buena habitabilidad en relación a su tamaño exterior, y recoge además soluciones que permiten repartir el espacio: los asientos traseros se desplazan en longitud y se pueden plegar para aumentar la capacidad de carga del maletero.

Buen dinamismo

La última propuesta de Citroën utiliza como base el C3, con el que comparte un 60% de sus componentes: motores, chasis, salpicadero, etcétera. Pero como es más pequeño, bajo y ligero, y tiene además una puesta a punto específica (dirección, relaciones del cambio, suspensiones), aporta un comportamiento más divertido y eficaz, con una dirección rápida, unas reacciones ágiles y unos balanceos comedidos en las curvas. Las versiones VTR, con ruedas más grandes y suspensiones más enérgicas, recuerdan a un kart y tienen todo el carácter de un mini-GTi.

Equipamiento justo

El C2 está disponible con tres acabados: X, SX y VTR. El primero incluye cuatro airbags, cierre centralizado con mando a distancia y elevalunas eléctricos. El SX suma paragolpes pintados en el color de la carrocería, retrovisores eléctricos y radio-CD con mandos en el volante. Y el VTR cuenta con ABS, volante en cuero, asientos deportivos y llantas de aleación.

Sin embargo, salvo en el motor 1.1 con el acabado X, para disponer del ABS hay que adquirir un paquete que cuesta 1.550 euros (2.050 en el motor HDi) e incluye antibloqueo de frenos, climatizador y pintura metalizada, entre otras cosas. El aire acondicionado se ofrece como opción independiente (950 euros).

El C2 es un coche bien dotado para el uso urbano que ofrece un diseño distintivo, una conducción divertida y un interior correcto en espacio y muy flexible: permite viajar a cuatro adultos o cargar la compra del mes.

HASTA 110 CV Y CAMBIO EN EL VOLANTE

TODOS LOS C2 ofrecen un comportamiento divertido, pero la deportividad del Citroën más pequeño se aprecia sobre todo con los motores 1.4 y 1.6 16v. de gasolina. Estos dos propulsores son los únicos que pueden incorporar el cambio secuencial Sensodrive con los mandos en el volante y son también los únicos disponibles con el acabado deportivo VTR.

El motor 1.4 de 75 CV se ofrece con cambio manual de cinco marchas o con el Sensodrive y aporta ya unas buenas prestaciones: mueve el peso con soltura y permite alcanzar 169 km/h. con un consumo de 8,3 litros en ciudad y 4,9 en carretera. El 1.6 16v., que sólo se vende con cambio Sensodrive, ofrece más potencia y deportividad: rinde 110 CV, acelera con garra y llega hasta 195 km/h. Pero mantiene unos consumos similares: 8,3 litros en ciudad y 5,2 en carretera.

Sin embargo, la mecánica 1.4 HDi turbodiésel es la que ofrece la mejor relación entre prestaciones y consumos: 166 km/h. con un consumo de 5,1 litros en ciudad y tan sólo 3,6 en carretera, una cifra muy ajustada.

Por su parte, el motor 1.1 de gasolina y 61 CV es la opción básica y más tranquila: tiene una velocidad máxima de 158 km/h. y gasta 7,6 litros en ciudad y 4,9 en carretera. Este propulsor y el 1.4 HDi sólo están disponibles con cambio manual de cinco velocidades.

CUATRO PLAZAS Y EL SALPICADERO DEL C3

AUNQUE LOS DISEÑADORES de Citroën han introducido detalles específicos, el salpicadero y parte del interior del C2 apenas se diferencian de los que monta el C3, su hermano de cinco puertas. Los cambios son sólo decorativos y afectan a la tonalidad de la parte superior (más oscura), los paneles de las puertas y el pomo del cambio (con plásticos translúcidos). El acabado VTR (en la imagen) tiene un estilo más personal, con tapizados coloristas en las puertas y bordes exteriores de los asientos. Además se puede elegir entre cuatro colores: naranja, verde, azul y gris.

Al margen de la estética, el interior del C2 resalta por su habitabilidad y detalles funcionales. Las plazas delanteras son holgadas, y las regulaciones del volante en altura y profundidad permiten encontrar una postura cómoda incluso a las tallas más grandes. Las butacas traseras se deplazan en longitud, y si se retrasan al máximo ofrecen un espacio correcto para dos adultos, aunque los más altos pueden rozar con la cabeza en el techo.

El maletero es pequeño, como en todos los coches ciudadanos, pero los respaldos se abaten por partes y las dos butacas se pueden plegar también contra las delanteras. Esta posición deja libre un área de carga de un metro de longitud por otro de anchura: caben bicicletas, cunas, plantas y otros objetos voluminosos.

El portón recoge asimismo detalles prácticos. Se abre en dos partes, y la inferior bascula hacia abajo ofreciendo una plataforma que facilita la carga de bultos pesados (soporta hasta 100 kilos). Esta plataforma también incluye un compartimento con tapa muy práctico para guardar objetos: guantes, herramientas, paraguas, etcétera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de septiembre de 2003

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