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Reportaje:

Old Trafford aclama al rey

Beckham, criticado por los hinchas del Manchester, ovacionado por los de la selección

David Beckham regresó ayer a Old Trafford como un héroe, ovacionado más que ningún jugador de Inglaterra por un público enardecido que acudió en masa a celebrar el rito nacional. Ver a la selección. No hubo demostraciones de resentimiento porque quizá ayer el rastro del Manchester United se perdió en el mar de banderas cruzadas. Blackpool FC, Southport FC, Darlington FC, Harefield FC, Exeter FC... cientos de banderas inglesas y de union jacks británicas colgaban de los tres anillos con nombres de clubes de todo el país. Prevalecía la lealtad al capitán de Inglaterra. "¿Qué es el Manchester?", gritaba un joven con la camiseta de los tres leones, en la estación de Old Trafford. "¿Manchester? ¿Qué es eso? ¡Nosotros somos los verdaderos hinchas de fútbol! ¡Somos del Stockpot FC! ¡Y Beckham va a marcar el primer gol de esta noche! ¡Dios salve a la Reina!".

"Espero volver con el Real Madrid en algún momento de la temporada"

"¿Para qué ha escrito ese libro? ¿Por publicidad?, ¿por dinero?", se preguntan los hinchas

Si Andy Walsh hubiese visto al chaval del Stockpot le habría bajado el pulgar. Y si hubiese entrado en la librería más grande de Manchester a lo largo de la semana habría sentido repugnancia. Ahí, en la planta baja de Waterstone's, el responsable del MUISA (Asociación de Hinchas Independientes del Manchester United) se daría de bruces con esos grandes carteles publicitarios que retrataban al traidor: "David Beckham's My Side, a partir del 11 de septiembre. Reserve ya su ejemplar".

Hoy, al día siguiente de regresar a Old Trafford por primera vez desde su fichaje por el Madrid, ufano, con el brazalete de Inglaterra como él dijo, "dirigiendo a mi país", Beckham sacó a la calle un libro gordo como un ladrillo. El 11-S, y pocas horas después de llenar el estadio con mayor capacidad del norte de Inglaterra. Un triunfo fácil contra Liechtenstein (2-0) en partido de clasificación para la Eurocopa, y un libro, son los recuerdos que dejó en su antigua ciudad. Además, se fue de compras al centro y cenó con un par de amigos.

"Esta noche ha sido muy especial para mí", dijo Beckham al salir del vestuario.

Desde los 14 a los 28 años creció a la sombra de Old Trafford, como recogepelotas, en concursos juveniles, y como jugador. Son las gradas a las que juró gratitud y que ayer le vieron de nuevo, quizá cambiado, en medio de una polémica que se extiende desde la cuenca industrial de Trafford Park a toda Inglaterra: ¿Traicionó Beckham al Manchester al escribir su libro? ¿Insulta a su ex entrenador cuando insinúa -levemente- que Ferguson es un gángster?

Andy Walsh, portavoz de la influyente MUISA, anuncia un recibimiento hostil para el día que Beckham se aparezca con la camiseta madridista: "Con su libro, Beckham ataca al club y a su entrenador. Va por ahí alborotando a la prensa de la que él mismo fue víctima en el Mundial de 1998. Ha traicionado la lealtad que nos debía. Ahora de pronto parece que su salida del club estaba manufacturada. ¿Para qué ha escrito ese libro? ¿Por dinero? ¿Por publicidad? ¡Si no necesita esas cosas! Los hinchas hemos pasado por alto su expulsión en el Mundial de Francia , y sus devaneos con el mundo del espectáculo. A partir de ahora la gente no pasará por alto esas cosas".

Y todo por revelar dos detalles de un acontecimiento resabido: la noche en que Ferguson le lanzó una bota a la cabeza y le abrió una brecha en la ceja. "Había una bota en el suelo (...)", cuenta Beckham. "Al recibir el impacto y ver que sangraba me lancé a por el jefe. No sé si alguna vez en mi vida he perdido el control de esa manera. Giggs me agarró, y luego Gary Neville y Ruud Van Nistelrooy. Y, de pronto, fue como vivir una escena loca de una película de gángsters".

El historiador oficial del Manchester, David Meek, autor de Los cien mejores jugadores de la historia del Manchester, habla desde una posición próxima a su amigo Ferguson: "Con ese libro, Beckham se ha hecho más daño a sí mismo que al club. Parece que se ha tomado demasiado en serio y eso es inmaduro. Se cree muy precioso. Todos los entrenadores son personalidades autoritarias porque su trabajo depende del éxito, y el éxito, de lo que hagan 20 jóvenes con los que no se pueden establecer grupos de discusión. Además, el éxito de Ferguson se debe en buena medida a su dureza y los jugadores, en un momento u otro, se enfrentan a un entrenador enojado que les tira algo. Los hinchas nunca se implicarán sentimentalmente con él como con Cantona o Keane. Después de todo, su mujer es una estrella del pop y él un potentado".

Lejos del Madrid, donde no manda ni a Pavón, y mucho más lejos del Manchester, donde el entrenador le hacía la guerra. Para Beckham la selección inglesa es un puerto de refugio. Allí es el capitán, la máxima autoridad por encima del seleccionador sueco, Sven Goran Eriksson, que, al parecer, ocupa el respetable lugar de consejero. "He decidido jugar y eso es lo que le he comunicado al técnico", dijo, en la conferencia de prensa previa al partido. La prensa especulaba con la posibilidad de reservarle y así evitar otra tarjeta amarilla que lo dejaría fuera del partido decisivo, ante Turquía en Estambul. Pero él se soltó el pelo y se envolvió en una bandera inglesa para que los fotógrafos tuvieran carnaza antes del partido. Ayer saltó al campo el primero, con una niña y un niño en brazos. La gente le aclamó como al rey, al grito de "¡Dios salve a la Reina!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de septiembre de 2003