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Tribuna:

Leni Riefenstahl o el poder de las imágenes

Hay destinos que conllevan, si no la alienación, sí la falta de comprensión o el equívoco a lo largo de toda una vida. La caja de Pandora de los griegos sólo dejó dentro la esperanza. En la vida (y ahora en la muerte) de Leni Riefenstahl -ahora con una desesperanza de cien años más que cumplidos- la ironía es que su fama proviene de su vecindad política y no de un trabajo bien hecho. Es en su película de 1932 Das Blaue Licht, su debut cinematográfico, donde ella misma ve el centro de su personalidad y de su vida artística. Ella misma hace el papel de Junta. Luz azul, es la historia de una campesina en los Dolomitas: la luz del cielo, la altitud que luego, en su ancianidad, buscara en el submarinismo. Antes de rodar esta primera película participó en otras como bailarina, actriz y esquiadora, para Arnold Franck en Tempestad sobre el Montblanc, a la vez que Ernst Jünger escribía sus tempestades de acero.

No hay muchos documentos para recorrer estos cien años de vida, transcurridos desde su nacimiento el 22 de agosto de 1902 en Berlín y su muerte hace un par de días. Sus últimos años los pasó en el pueblo de Poecking en Baviera. Por una parte sus Memorias publicadas en 1987 (traduccion de Juan Godó en Lumen 1991); el documental de Ray Müller El poder de las imagenes: Leni Riefenstahl, de 1993; una entrevista en la revista Der Spiegel en 1995; un par de entrevistas televisivas, y el libro de la editorial Taschen Leni Riefenstahl. Cinco vidas, del 2002. Hubo una retrospectiva de su obra en Leipzig en 1993 y una exposición en el Theaterwissenschaftliches Institut de la Universidad de Colonia realizada por Jürgen Trimborn, que en el 2002 publica Riefenstahl. Eine deutsche Karriere. Biographie (Aufbau Verlag Berlin), que se apoya bastante en la de Rainer Roher Leni Riefenstahl. Die Verführung des Talents (Berlín 2000). Las críticas, sin embargo, han sido más numerosas, en todos los medios, quiza las más duras las de Susan Sontag, a raíz de una exposición en la Haus der Geschichte en Bonn hace un año.

Diva non grata con más de 50 procesos penales en contra de ella es, sin embargo, la madre de las películas documentales, querámoslo o no. En 1939 pacientemente fotografía una masacre de los nazis en Konskie. Si fue una documentalista que hacía propaganda o que no quería saber de responsabilidades morales, es una pregunta que se hace la literatura sobre Celine o sobre Jünger. Su visión -de los festivales nazis al deporte en general, de los fondos del mar a las tribus africanas-, su encuadre y su punto de vista sobre el cuerpo humano quedan en la memoria del siglo XX como los torsos de Constantin Brancusi, pero no precisamente como los de Arno Brecker.

Su obra se asocia con el nacionalsocialismo, su búsqueda de la belleza del cuerpo, de la armonía de las posiciones o de los paisajes idílicos, aunque esto lo encontramos asimismo en la pintura de un alma cándida y republicana como la de Aurelio Arteta. ¿Por qué damos más importancia a sus entrevistas y a sus recuerdos de un pasado feliz, cuando para otros era el holocausto, que a las imágenes que ha destilado su capacidad de mirar?

Hay una excelente fotografía de otra alemana, Barbara Klemm, tomada en la Feria del Libro de Frankfurt del 2000, en la que la artista aparece con el libro de su debut en las manos, el antes y el ahora, la belleza y la momia activa, frágil de cara, firme de carácter, consecuente con su visión del mundo y de quien la ha apoyado. Leni Riefenstahl es al cine germano lo que es Albert Speer a la arquitectura del III Reich.

Fue acusada especialmente de que el filme Triumph des Willens, documento del VI congreso de los nazis de Nuremberg en 1934, era propaganda, cuando es para ella precisamente un documental, o por Tiefland, de 1940-42, trabajo con gitanos de un campo cercano a Salzburgo que se inspira para el guión en Tierra baja, ópera de Eugene d'Albert, según algunos basada en el drama de Angel Guimerá. En una entrevista en la television Arte con Sandra Maischberger señala que todos los gitanos salen vivos de su filme, no que vuelven al campo de concentración. En Triumph des Willens, hay doce voces con acento de doce regiones, (del Saar, de Pomerania, de Friesland, etc.) como si fueran las doce tribus de Israel. Así juega LR con la escenificación del día del Partido, Partitag, de Nuremberg. LR no sólo juega con las imágenes sino también con las voces y con los acentos. Coreografía de voces e imágenes, masas y movimiento etc. Ella no lo reconoce como propaganda sino como documental.

Su otra gran película es Olimpia, que resume los Juegos Olímpicos de 1936, con 60 ayudantes y varias camaras. Leni dirige sus películas y las lleva a cabo como un general en un campo de acción. La técnica de montaje, el ritmo conjunto de imágenes y música de sus películas influirá muchos años después en las instalaciones de Mari Jo Lafontaine, en el mundo de los videoclips, en las fotografías de Helmut Newton, en las poses de Andy Warhol, o en los filmes de Georges Lucas.

Su circunspección, o su cinismo para otros, ha sido un espejo en el que los alemanes, millones, se han visto reflejados. No ha renegado de Hitler, salvo en cuanto ha afectado a su propia vida, y sobre todo lo ha callado. No ha admitido culpa alguna y se ha refugiado en el pecado colectivo, en el pecado original de todos los fascismos. Retirada del cine, se dedicó a la fotografía. En 1962 y en 1977 retrató a los nuba en Sudan. Su última obra, Impressionen unter Wasser, supone más de mil inmersiones en el océano Índico, y cierra el ciclo aparcado en Tiefland con música de sintetizador de Giorgio Moroder; habla -ella misma- de los millones de peces que mueren en los acuarios. Llega una sombra de horror, a pesar de las imágenes y de su capacidad física para llegar a bucear a su edad. Pero las palabras a veces pesan tanto como los hechos y menos que las luces bajo el agua.

Kosme de Barañano es director del Instituto Valenciano de Arte Moderno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de septiembre de 2003