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Reportaje:ATLETISMO | Campeonatos del Mundo

El gran duelo

Los desafíos personales de El Guerruj y Bekele se cruzan en la prueba de los 5.000 metros

Carlos Arribas

El 5.000 es un territorio mestizo en el que se cruzan, habitualmente rebotados del 1.500, damnificados de una prueba que exige cantidad de kilómetros y calidad de marcas por cada 400 metros y tipos rápidos del 10.000 que intentan explotar en la distancia menor su calidad. El 5.000 será también el domingo el territorio en el que se crucen los dos mejores atletas de París 2003, el territorio en el que Kenenisa Bekele, campeón de los 10.000 metros, aceptará el guante lanzado por Hicham el Guerruj, el rey del 1.500 desde hace seis años. Será el gran duelo de los Mundiales. "Será duro pelear contra todos los etíopes, pero os prometo un gran espectáculo", anuncia El Guerruj.

Ni 24 horas habían pasado desde su estático cuarto título mundial en el 1.500 cuando El Guerruj volvió a calzar sus puntas y salió a competir de nuevo a la pista, verdadero estajanovista de la zancada y del rendimiento. "Lo hago por diversión, para ver dónde estoy", dijo, como quien no quiere la cosa, de su nuevo objetivo, el que comenzó a trabajarse ayer con una semifinal que le sirvió de recuperación-calentamiento-preparación: convertirse también en campeón del mundo de los 5.000 metros. Ningún atleta ha intentado este doblete, un desafío a la lógica fisiológica, en una competición de rango mundial desde el finlandés Paavo Nurmi en 1924, en los Juegos Olímpicos de París, cuando el atletismo era cosa de amorosos aficionados.

El marroquí no tiene ídolos; tiene unas piernas, un corazón y unos pulmones; y fe
El etíope fue en 2001, en 48 horas, campeón mundial júnior de cross y subcampeón sénior
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Kenenisa Bekele, el joven etíope que destronó a su viejo compatriota Haile Gebrselasie como rey del fondo en la magnífica final del domingo pasado, también volvió a calzarse las puntas. Su intento de doblete no será tan original ni tan ilógico. Sigue la estela olímpica del checo Emil Zatopek, del finlandés Lasse Viren y del etíope Mirus Yifter, el hombre que ha inspirado a la nueva generación de etíopes, el ídolo de Gebrselassie, quien intentó el doblete sin conseguirlo -oro en 10.000 y plata en 5.000- hace diez años, en los Mundiales de Stuttgart, de la misma manera que Gebrselassie es el ídolo de Bekele.

El Guerruj no tiene ídolos. El Guerruj tiene unas piernas y un corazón y unos pulmones. Y una fe. "Dios a unos les da talento para la música, a otros para las artes, a otros para la escritura o el pensamiento", suele decir; "a mí me lo ha dado para correr mucho y muy deprisa, y sería un insulto a Dios no trabajar al máximo este talento". En su retiro de Ifrane, en el Atlas, una pequeña estación turística en la montaña, especie de pueblo suizo en el corazón de Marruecos, a 40 kilómetros de serpenteante carretera desde Fez, entre cedros centenarios, El Guerruj se entrena desde hace años. Corre e invita a correr a atletas de todo el mundo. Quiere que todos participen en su amor por la carrera a pie, en la lucha cotidiana contra las ganas de dejarlo todo, en sus relaciones íntimas con el sufrimiento. Corre desde hace años y, cuando los entrenadores extranjeros conocen sus cargas de trabajo, la cantidad de kilómetros que recorre todas las semanas, todos se echan las manos a la cabeza. Cómo es posible, se preguntan. Son métodos no exportables concebidos por su entrenador, Abdelkader Kada, quien ya hace cuatro años, en la recta final de la preparación para los Juegos de Sidney 2000, confesaba que había muy poca diferencia entre el volumen de kilómetros que le preparaba a El Guerruj con el entrenamiento normal de un corredor de 5.000 metros.

Con todas las sesiones pantagruélicas, El Guerruj ha adquirido una velocidad de crucero única, un ritmo que le permite masacrar a la competencia en el 1.500 sin necesidad de tener velocidad final, sin necesidad de unos 200 últimos metros demoledores. Sin embargo, aquella final de Sidney la perdió El Guerruj ante un atleta más rápido que él, ante un talento keniano llamado Ngeny, tan genial como inconstante, que se perdió después para el atletismo. Pero no volvió a perder más carreras del 1.500 y la milla (1609 metros), distancias a las que ha conducido a unos territorios imposibles para los demás. A 3m 26s, el 1.500; a 3m 43,13s, la milla. Son unos límites increíbles que el propio El Guerruj, aislado en su superioridad, sin ningún atleta capaz de empujarle más allá, ha vuelto a frecuentar. Desde 1996, desde la final de Atlanta, en la que tropezó al toque de la campana y abrió el paso al triunfo de Morcelli, El Guerruj ha disputado 78 carreras del 1.500 o la milla. Ha ganado 75.

Entrando en el desafío del 5.000, sin embargo, el marroquí, al que sólo le falta ser campeón olímpico, entra en un territorio casi desconocido. Pese a todos sus entrenamientos de fondista, pese a toda su calidad, El Guerruj sólo ha corrido dos veces el 5.000 en alta competición. La primera vez fue hace 11 años, cuando consiguió la medalla de bronce en los Mundiales júniores con 13m 46,79s. La segunda fue hace dos meses y medio, el 12 de junio, en Ostrava. Tampoco ganó esa carrera pese a terminarla con la séptima mejor marca de todos los tiempos: 12m 50,24s. Quien le derrotó, sin embargo, no estará en la final del domingo. Es, ni más ni menos, Stephen Cherono, keniano por entonces y conocido como Saif Said Shaheen desde poco después, desde que se hizo ciudadano de Qatar, bajo cuya bandera ganó el lunes el oro en los 3.000 obstáculos.

Para Bekele, quien se confesó ayer "algo cansado" después de su serie -una semifinal en la que el conquense Juan Carlos de la Ossa logró un inesperado pase a la final-, tanto el terreno del 5.000 como el intento del doblete son zonas conocidas. Su revelación mundial llegó además con una hazaña de ese estilo. En 2001, en el plazo de 48 horas, se proclamó subcampeón mundial sénior de cross corto y campeón mundial júnior de cross. Tenía 18 años. Al año siguiente hizo el doblete entre los mayores: el sábado, cross corto; el domingo, largo. Era el primer atleta en lograrlo. Y lo mismo sábado-domingo, largo-corto, oro-oro, en 2003 pese a que gran parte del verano de 2002 lo pasó alejado de la pista por una lesión del tendón de Aquiles.

Este verano el talón no le molestó. Primero logró una primera victoria sobre Gebrselassie en junio. Después se lanzó a mejorar su marca de 5.000 metros. Ha corrido tres veces la distancia. La primera vez que lo hizo bajó más de 20 segundos su mejor marca personal al ganar la reunión de Oslo: 12m 52,26s. Luego, en Roma, sufrió una dolorosa derrota ante el keniano Abraham Chebii, quien se erigirá en árbitro del gran duelo: él no repite carrera.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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