Español para extranjeros | HUMOR
Columna
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Los otros españoles

En lugares donde los extranjeros son mayoría, el español pasa a ser una extravagancia. Ejemplo: allí donde los alemanes han conseguido levantar un paraíso de opulentas segundas residencias, la lengua dominante es, como Dios manda, el alemán. Este fenómeno de autogestión idiomática también afecta a colectivos no europeos, como el de los comerciantes paquistaníes que ocupan determinadas calles de El Raval barcelonés y que, haciendo oídos sordos a la reglamentación normalizadora del catalán (tampoco la respetan los indígenas), rotulan sus productos de manera que sus numerosos compatriotas puedan entenderse sin necesidad de consultar el diccionario. Aunque no lo parezca, agosto es un mes en el que los españoles podrían llegar a ser minoría, lo cual, bien organizado, podría propiciar una revolución (¿se imaginan un Gobierno formado por inmigrantes, mafiosos en el exilio y turistas?). Aparte de los nativos que, con o sin motivo, reniegan de su nacionalidad (no contabilizados por la estadística oficial), están los inmigrantes (millón y medio según la Administración) y los turistas.

Los vasos comunicantes fomentan, además de intercambio de divisas, un equilibrio que aleja a los nativos hacia otros lugares para que, en justa compensación, puedan caber nuestros visitantes.

En verano se aplica la lógica del transporte público: dejen salir antes de entrar. Este caos demográfico estacional y provisional crea situaciones lingüísticas insólitas, como que el camarero ecuatoriano de un bar propiedad de un ruso tenga que atender a unos holandeses que le hablan en inglés y que le piden una paella mexicana cocinada por una inmigrante ilegal filipina y que, a la hora del café, reciban la visita de un vendedor de flores paquistaní que, por las mañanas, se gana la vida repartiendo pesadas bombonas de butano. Estadísticamente, la mayoría de los visitantes son turistas, ya que, con comprensible astucia, muchos de los futuros inmigrantes aducen motivos de placer para justificar su entrada en un país del que no vuelven a salir hasta que les deportan. Lo de viaje de placer es un eufemismo, que conste. Si ya resulta difícil relacionar este concepto con ciertas formas de turismo masificado, imaginen lo que será para la inmigración más desvalida, hacinada en lugares sin condiciones o secuestrada en lupanares de carretera por presuntos empresarios que, a la práctica, sólo son simples y vulgares macarras. En este sentido, la hostelería ofrece un interesante mapa del organigrama social en función de orígenes y condición. Sentados en la terraza están los turistas. Sirviendo, los nativos con contratos basura o los inmigrantes con papeles basura. En la cocina, algún que otro ilegal preparando los platos o ayudando y, removiendo el contenedor donde se guardan las sobras, un comando de personas sin techo que intentan buscarse la vida iluminadas por el neón de un prostíbulo de carretera.

Ejercicio del día. Rellene los huecos con los artículos y preposiciones correctas: no te damos ... permiso ... residencia hasta que tengas ... permiso ... trabajo y no te damos ... permiso ... trabajo hasta que no tengas ... permiso ... residencia.

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