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OPINIÓN DEL LECTOR

El 'Drim Tim'

Anoche disfrutaba con amigos de un receso verbenero al final de una jornada de tremendo calor, sentados en una terraza en las fiestas de San Cayetano del madrileño barrio de Lavapiés. Pasó una cuadrilla de policías municipales muy jóvenes que caminaban ufanos por el centro de la calle, sacando pecho y balanceándose al avanzar, con un porte y un garbo dignos no ya de la verbena, sino de un anuncio de colonia masculina. "Mirad, chicos, por ahí va el Drim Tim de los municipales", comenté para nosotros en una humorada verbenera sin ánimo de ofender.

Pusimos fin a nuestra velada tranquila y marchábamos ya de recogida, pero al pasar por la plaza de Lavapiés no pudimos menos que detenernos de nuevo. Pequeña algarada con gran revuelo de los agentes que hacían retén en esa esquina apartada de la fiesta -había al menos cinco patrullas aparcadas delante del Champion, más otra dando vueltas hacia la parte alta del barrio-.

Traían detenido y esposado a un muchacho, también muy joven y con alguna copa de más; el chico venía muy nervioso queriendo mirar hacia atrás a un grupo de personas de mayor edad que les seguían de cerca y pedían les permitieran hablar con él para calmarlo.

Haciendo caso omiso de esta circunstancia, trataron de meterlo en el coche por la fuerza sujetándolo entre varios agentes. El muchacho intentaba comunicarse con el grupo y no entraba en el coche por su voluntad. Error, cayeron los golpes. Pude reconocer al menos a un par de los jóvenes y ufanos mocetones del Drim Tim policial, en concreto el que "redujo" al detenido con un contundente puñetazo en el estómago. Ya dentro del coche le dio alguno más.

Nos habíamos entretenido ya un grupo amplio de vecinos y visitantes de la fiesta intentando terciar en la situación, solicitando de los policías que no participaban directamente en la acción que no pegaran al muchacho detenido y que trataran de calmarlo un poco antes de llevarlo. Una mujer en sus treinta, con contenida indignación democrática pero amables modales, apuntó que le habían pegado sin razón. Error, el agente (por cierto, sensiblemente más bajo en estatura que la mujer), seguro de sí mismo, le respondió: "A ver, ¡documentación!". Resultado: dos detenidos más dentro de otra patrulla, éstos sin golpes, a comisaría.

Yo pensaba (para mí, por si acaso) que "esto no contribuye nada a acercar la Policía Municipal a la ciudadanía, no".

En conclusión, ¡qué malos son el fútbol y los anuncios de colonia masculina! El alcalde Gallardón, ¿podría encargarle a esta "juventud" de la Policía Municipal unas horas de formación en diálogo con la ciudadanía, aunque lo pierdan de gimnasio? ¿O tendremos que ser nosotros quienes nos apuntemos a uno, en jiu jitsu digo? Ahora, que estén preparados por si en las próximas fiestas de San Cayetano, en lugar de tomar cañitas, montamos una barricada y les corremos a buñolazos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de agosto de 2003