Reportaje:VIVIR MEJOR

Contra la tiranía del vehículo privado

No tener coche propio y utilizar el alquiler o futuras modalidades, como el 'carsharing', resulta económico y ecológico

Una de cada cuatro personas que viven en Barcelona se desplaza diariamente en vehículo privado. En 2002 se realizaron 4.314.000 desplazamientos urbanos al día. Es decir, más de un millón de trayectos se hicieron en vehículos particulares. La proporción es aún mayor, seis de cada diez, si se trata de las personas que entran o salen de la ciudad. De los dos millones diarios registrados el año pasado, prácticamente 1.200.000 se hicieron en vehículo privado. Si se suman ambas cantidades, resulta que en 2002 la ciudad soportó el tráfico de 2.200.000 vehículos privados al día. Son datos reflejados en un estudio realizado con ocasión del Pacto por la Movilidad. La cifra resulta excesiva hasta para los amantes de la conducción. Porque la ciudad no se estira y, además, gran parte del tráfico lo padece la zona centro. ¿Qué hacer para pacificar el tránsito? ¿Subir la hora de aparcamientos a seis euros para disuadir al conductor, política ya practicada en algunas capitales europeas? ¿Imponer un peaje de entrada al centro, como en Londres?

Hay ciudadanos que han optado por la fórmula más drástica: no tener coche. Se desplazan en transporte público, a pie o en taxi, y alquilan coches. La decisión de vender el coche o no reemplazarlo cuando se hace viejo y se disparan los achaques -facturas de talleres- se suele meditar. Es parecido a dejar de fumar: la idea necesita un tiempo de maduración.

Isabel Calvet, de 49 años, hizo cuentas: aparcamiento, seguro, impuestos, mantenimiento... "Demasiado dinero y, además, a mí no me gusta conducir", resume. Vendió su coche a finales de los ochenta, una época en la que prácticamente todo el mundo lo tenía. Incluso, socialmente, el que no tenía coche "estaba mal visto". "Parecía que eras un muerto de hambre", recuerda Isabel. "Claro que no tener coche debajo de casa tiene algunas limitaciones, pero es absurdo pensar que estás inmovilizado". Ella lo ve de otra forma: hay propietarios de vehículos que, precisamente por los gastos que tienen, ven limitada su economía. Cuando vendió el coche era inspectora de una empresa de seguros en el área metropolitana de Barcelona. "Iba en tren y autobús", explica. Ahora trabaja en el centro de la ciudad y se mueve en transporte público. "Y si no, en taxi, que para eso están", afirma. Hay más razones para dejar el coche: "Leo más, voy con más tranquilidad y me ahorro dinero". Francesc Arqués dijo se acabó al coche en 2000: "A ver, no necesito el coche para trabajar porque vivo y trabajo en Barcelona".

Una encuesta realizada por el Ayuntamiento de Barcelona en 2001 a 1.000 personas concluía que el 56% tenían permiso de conducir y que, de éstas, casi el 88% tenían coche. La gran mayoría, el 78%, reconoce que el coche particular sale más caro que el transporte público. En ese sondeo también se preguntaba sobre la predisposición a utilizar una red de coches compartidos -carsharing- y la respuesta mayoritaria, del 80%, fue no, mientras que el 14% estaría a favor. Actualmente se está trabajando en el lanzamiento de la red de coche compartido en la región de Barcelona, proyecto en el que participan el Ayuntamiento, la Generalitat y la Asociación para la Promoción del Transporte Público (PTP). Se trata de una flota de vehículos compartida por un un grupo de ciudadanos que pagan una cuota inicial por formar parte de la red de usuarios y una cantidad determinada -por horas o por kilometraje- cada vez que utilizan un coche. Los defensores de ese sistema apuntan que la media de ahorro anual por persona en movilidad es de 2.000 euros, beneficia a las empresas de transporte público porque se incrementa su uso, reduce hasta el 60% el consumo de carburante por persona y disminuye el ruido ambiental y las emisiones de contaminantes.

Mientras el sistema de red de coches compartidos no funcione, la única alternativa es alquilar. "Yo lo hago y me sale mucho más a cuenta. Con las 21.000 pesetas al mes de alquiler de aparcamiento que pagaba hace cuatro años tenía para dos fines de semana de coche de alquiler. Para moverse por la ciudad no hace falta". Lo dice Teresa Franquesa, la cual está plenamente convencida de que "sin coche se vive mejor".

- Asociación para la Promoción del Transporte Público (PTP): www.laptp.org.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de agosto de 2003.