Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Gays y religión

El Vaticano hizo público la semana pasada un documento dirigido a los políticos católicos pidiéndoles que se opusieran frontalmente a la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio, por considerar que son "inmorales" y "nocivas" para la sociedad. El texto del cardenal Joseph Ratzinger intenta justificar ese rechazo con razones no sólo religiosas. La equiparación, señala, "supondría no sólo aprobar una conducta desviada, sino que equivaldría a oscurecer valores básicos que pertenecen a la herencia común de la humanidad".

Este frontal rechazo del matrimonio de gays o de lesbianas por parte de la jerarquía católica contrasta con las decisiones que ha adoptado esta semana la Iglesia anglicana de EE UU, denominada episcopaliana. En medio de una fuerte controversia, ha confirmado a Gene Robinson como obispo de New Hampshire, pese a que admite abiertamente su homosexualidad y acudió a la reunión acompañado de su compañero, con el que convive desde hace 13 años. La asamblea de Minneapolis ha decidido también dar amparo a los sacerdotes que bendicen uniones homosexuales.

Es difícil encontrar posiciones más opuestas en confesiones tan próximas. Sin entrar en el debate religioso, lo que muestra esta disparidad es que, si dentro de las confesiones cristianas se aborda la homosexualidad de manera tan dispar, pierde credibilidad la afirmación de Ratzinger de que el matrimonio de personas del mismo sexo oscurece valores básicos que pertenecen a la herencia común de la humanidad.

Con estas referencias a los valores básicos o a la "ley natural", la Santa Sede trata de justificar sus llamamientos a los políticos para que se opongan a las leyes que no se ajustan a su concepción moral. Son llamamientos que refuerzan posiciones como la del Partido Popular en España, que sigue sin presentar en las Cortes una ley de parejas de hecho, pese a las reiteradas peticiones de la oposición, y acordó la semana pasada recurrir ante el Constitucional la ley vasca que permite a las parejas del mismo sexo adoptar niños. También está recurrida la ley navarra equivalente.

La Iglesia católica, como cualquier otra organización privada, es muy libre de opinar lo que le plazca. Pero los políticos elegidos no deben olvidar que se deben a sus votantes. La Constitución española consagra con claridad la separación entre la Iglesia y el Estado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003