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Reportaje:

China se aferra al cambio fijo

Pekín se niega a ceder a las peticiones de un grupo de países encabezado por EE UU y Japón para que aprecie su moneda

Durante las últimas semanas, China, que en 1994 ligó la paridad del yuan (también llamado renminbi) al dólar, ha sido objeto de una creciente presión internacional para que aprecie su moneda. Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, entre otros países, han acusado al gigante asiático de estar favoreciendo sus exportaciones gracias al debilitamiento del dólar y a lo que consideran un yuan artificialmente infravalorado.

Pero las autoridades de Pekín, centradas en la estabilidad y en el impulso de las ventas en el exterior, no están dispuestas a ceder a las peticiones extranjeras mientras consideren que no benefician a su economía. Y han decido zanjar la discusión: no habrá apreciación del renminbi en los próximos meses. Así lo ha señalado el primer ministro, Wen Jiabao, y así lo ha recogido el Banco Central de China en un informe emitido esta semana.

Wen asegura que una tasa de cambio estable es buena para el país y para el mundo. "El sistema y la política de paridad de las divisas de un país deben ser fijados de acuerdo a su propia situación económica y a su balanza de pagos internacional", ha dicho.

Jin Renqing, ministro de Finanzas chino, ha insistido esta semana en esta vía durante la reunión de los ministros del ramo de los países del sureste asiático (Asean) más China, Corea del Sur y Japón, celebrada en Manila. Justo cuando "algunas de las principales economías están experimentando cierta desestabilización de su desarrollo económico, es de la máxima importancia que China mantenga un crecimiento estable", dijo Renqing en Manila.

Pekín, que también ha sido acusado de estar exportando deflación, ha respondido de esta forma a las especulaciones surgidas desde junio, cuando el secretario general del Tesoro estadounidense, John Snow, sugirió que Pekín se disponía a apreciar el renminbi.

El banco de negocios estadounidense Goldman Sachs aseguró también entonces que el Gobierno chino iba a permitir una fluctuación del yuan del 2,5% por encima y por debajo del cambio fijo. Actualmente, la oscilación está limitada entre 8,276 y 8,28 yuanes por dólar.

La Coalición para un Dólar Sólido, un grupo de 60 asociaciones empresariales y de comercio estadounidenses, afirma que los 346.500 millones de reservas extranjeras en dólares que tiene China prueban que está comprando moneda norteamericana para debilitar el renminbi.

Wen Jiabao ha dicho que ha tomado nota de las preocupaciones de la comunidad internacional y que China intentará mejorar el sistema de paridad mediante la reforma de su sistema financiero. Ha dejado así abierta la puerta a una posible ampliación de la banda de fluctuación.

A finales de marzo, el Diario del

Pueblo, el principal periódico chino, recogió unas declaraciones del premio Nobel de Economía Robert Mundell sobre los riesgos que supondría para China dejar flotar libremente el yuan: "Deflación, retrasos en la

convertibilidad, incremento del desempleo, posible ralentización de las exportaciones e incremento de los créditos sin cobrar en los bancos".

Estrategia de estabilidad

La estrategia de estabilidad china ha sido clave a la hora de impulsar las exportaciones. Desde que la puso en marcha, su superávit comercial ha alcanzado 199.000 millones de dólares, y la inversión extranjera directa se ha situado en 308.000 millones. El año pasado, el déficit comercial de EE UU con China fue de 103.000 millones de dólares.

La mayoría de los analistas consideran que Pekín seguirá con su plan de estabilidad y no prevén una libre fluctuación, por lo menos en los próximos dos años. Máxime cuando la neumonía atípica va a restar este año algún porcentaje de crecimiento al producto interior bruto (PIB), por lo que el Gobierno chino no tiene ningún interés en penalizar las exportaciones, que son un componente fundamental para el desarrollo y para la creación de puestos de trabajo en un país que sufre un fuerte desempleo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de agosto de 2003