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COLUMNA

Las tres salidas

Las bases del crecimiento español son una mezcla de fundamentos sólidos e impulsos frágiles y perecederos. Por una parte, nuestro crecimiento se ha construido sobre muchos años de reformas estructurales y de apertura de la economía española, pero, por otra, se debe también a los bajísimos tipos de interés que nos trajo el euro con el añadido de una política fiscal que ha echado leña al fuego del crecimiento de la demanda interna en el corto plazo. Esto ha llevado a que nuestro modelo de crecimiento en los últimos años se haya basado fundamentalmente en la construcción -vivienda e inversión pública financiada con fondos europeos-, con resultados excepcionales en el empleo, pero también con la incógnita de cómo podrá salir adelante el país en el momento en que la actividad de la construcción descienda a niveles más normales.

Es difícil pensar que los españoles podamos salir solos de este atolladero, pues las familias han aumentado de tal forma su endeudamiento que ya no podrán ser el principal factor de aumento de la demanda y, por tanto, nuestra salida del ciclo expansivo de la construcción dependerá, sobre todo, de lo que suceda en el resto del mundo. En mi opinión, aunque hay riesgos, lo más probable es que España vuelva a tener suerte con la evolución económica internacional.

En efecto, de las tres salidas posibles de la anémica situación económica internacional por la que estamos pasando, dos de ellas llevarían a España a enfrentarse a serias dificultades y harían emerger los efectos negativos de la política cortoplacista del Gobierno. Sin embargo, hay una tercera posibilidad que podría ayudarnos a salir del laberinto del corto plazo en que nos hemos metido por la hiperactividad de la construcción, y esa salida es justamente la más probable, por lo que España volverá a tener suerte y, al final, la tendremos todos, incluido el Gobierno, a pesar de que su política no fue la más responsable.

La primera salida de la situación internacional actual sería la no-salida, que continuara la desaceleración, que no llegase la deseada recuperación internacional. En ese caso, la disminución de la actividad de la construcción no sería compensada por mayor demanda externa y podríamos ver en España una crisis parecida a la que sufrimos en los noventa o a la que sufrió Alemania después de su borrachera de la reunificación. Esta salida es una de las posibles, pero es poco probable. Hoy se discute la intensidad y duración de la recuperación, pero prácticamente nadie excluye que ésta aparecerá a finales de 2003 o principios de 2004.

Un segundo escenario, también perjudicial para España, sería el de que llegase la recuperación internacional, pero que viniera pronto acompañada por subidas de tipos de interés para evitar un relanzamiento de la inflación. Esta segunda salida haría daño también a la economía española a corto plazo, porque la subida de tipos de interés podría producir una contracción en el gasto de las familias por el alto nivel de endeudamiento -de tipo variable- acumulado estos años. Sin embargo, esta salida tampoco parece muy probable. Los bancos centrales están muy preocupados con la posibilidad de deflación y seguramente los tipos de interés se mantendrán en niveles bajos durante un período mucho más largo de tiempo de lo que ha sido habitual en otras recuperaciones.

Lo más probable es que asistamos a una salida relativamente inédita, la de una recuperación económica mundial con tipos de interés bajos durante bastante tiempo, con lo cual podríamos ver aumentar la demanda externa de la economía española, sin perjudicar seriamente la demanda de las familias endeudadas. Esto podría llevar a que durante el 2004, e incluso más allá, no aparecieran perturbaciones económicas sustanciales en la economía española. El corto plazo parece asegurado.

El problema español, como siempre, es el más allá, el problema es qué pasa con nuestra productividad y competitividad, con nuestro retraso tecnológico, y con nuestro retraso de la sociedad de la información, y esto parece que sigue sin merecer la atención del Gobierno. En el corto plazo la suerte volverá a acompañarnos, pero no podemos decir que se esté haciendo nada para que esa suerte nos acompañe en el medio y largo plazo. mfo@inicia.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de julio de 2003