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Mal humor en el Bernabéu

La ira y la confusión tomaron los aledaños del Bernabéu. Tal y como adelantó Jorge Valdano el pasado viernes, ayer se resolvería el vínculo de Milito con el Real Madrid a la espera de unas pruebas complementarias. Pero no fue necesario esperar tanto. El sábado, Milito, siempre con la escolta de su padre, Jorge, y de su agente, Hugo Issa, acudió a la Ciudad Deportiva para someterse a un nuevo control médico. Fue el último.

Los médicos del jugador, Villani y Olivera, pisaron Madrid a primera hora de la mañana de ayer con la certeza de que no habría que visitar ninguna clínica, sino confrontar sus opiniones con la del cuerpo médico del Real Madrid. Les acompañaba el vicepresidente del club argentino, Fernando Sciaccaluga, síntoma de lo mucho que se habían torcido las gestiones.

Los agentes del futbolista, Eduardo Gamarlick y Hugo Issa, y los directivos del Independiente se reunían por la mañana con Jorge Valdano para escuchar la última oferta: la cesión al Independiente durante el primer año. La expedición argentina se negó rotundamente y tal fue su malestar que abandonaron el estadio a toda prisa y con evidentes gestos de contrariedad.

Por la tarde, repitieron papeles y texto, si bien la solución al caso Milito era ya evidente. El director técnico del Independiente, Fernando González, salía del estadio convertido en un huracán. Por lo menos hablaron de "lo humano y de lo divino", dijo Valdano, que pudo estrechar las manos de sus interlocutores. Pero no pudo aliviar su ira. Un miembro de la delegación argentina declaraba: "Se merecen llevar la segunda camiseta, la negra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de julio de 2003