Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Memoria barroca de los zares

Un itinerario por los palacios de la antigua capital

Pedro I el Grande entró en la historia como el monarca que dio a Rusia su primera salida permanente a los mares occidentales y también como el reformador que abrió una ventana a Europa. Por esa ventana introdujo Pedro I, entre otras cosas, la vida social propia de las cortes europeas: obligó a sus súbditos a vestirse a la europea, a usar peluca, a afeitarse las barbas, a tener en sus casas sala para invitados y colgar cuadros de las paredes. Introdujo el tabaco y el café, cuyo consumo la Iglesia ortodoxa censuraba; beber alcohol en grandes cantidades durante las fiestas pasó a ser considerado de buen tono; las mujeres dejaron de vivir encerradas en sus casas, y las costumbres, especialmente la moral, se relajaron.

El complejo de Strelna, con el palacio de Constantino, al que ahora se puede llegar directamente desde el golfo de Finlandia, acaba de ser restaurado para los festejos del 300º aniversario

Después de fundar San Petersburgo, Pedro I quiso tener en su nueva capital un auténtico Versalles, pero a orillas del mar. Para ello eligió Strelna, a orillas del golfo de Finlandia, a 19 kilómetros al oeste de la ciudad. Pero pronto perdió su entusiasmo inicial por este lugar, y se concentró en la construcción de Peterhoff, dejando prácticamente abandonado Strelna. De los tiempos del gran monarca sólo queda una pequeña edificación de madera, la llamada Casita de Pedro. El complejo de Strelna, con el palacio de Constantino, al que ahora se puede llegar directamente de las aguas del golfo de Finlandia a través de canales artificiales -idea de Pedro I convertida en realidad sólo en mayo pasado-, acaba de ser restaurado para los festejos del 300º aniversario de San Petersburgo. En el lujoso palacio se celebran recepciones y reuniones oficiales, pero eso no significa que esté cerrado al público. En él han abierto sus puertas tres colecciones: la de heráldica del Ermitage, una exposición sobre los cuatro príncipes dueños del palacio (tres de ellos se llamaban Constantino, y de ahí su actual nombre) y otra del Museo Marítimo.

Siguiendo hacia el oeste llegamos a Peterhoff, la más famosa de las residencias de los emperadores rusos y símbolo de la época de Pedro el Grande. Peterhoff fue el verdadero Versalles de los rusos. El zar celebró el fin de los trabajos el 5 de agosto de 1723 con una fantástica fiesta durante la cual inauguró la Gran Cascada y 16 fuentes. Pedro consiguió su objetivo de asombrar a Europa con el lujo y la hermosura de su nueva residencia. Después de Pedro, el complejo de parques, fuentes y palacios de Peterhoff continuó ampliándose y permaneció como lugar de fiestas y recepciones oficiales de la corte imperial rusa.

Interiores auténticos

Si Peterhoff es visita obligada para todo el que viaje a San Petersburgo, Oranienbaum -hoy Lomonósov- generalmente queda fuera de la ruta turística. Oranienbaum, poco más al oeste de Peterhoff, tiene horarios caóticos, casi no cuenta con infraestructura para el visitante, las paredes de los palacios están descascaradas y no hay donde sentarse a tomar aunque sea un café o un refresco. A pesar de ello, posee una gran ventaja: sus palacios son prácticamente los únicos que han conservado los interiores auténticos hechos en el siglo XVIII, ya que casi no sufrió daños durante la II Guerra Mundial.

El favorito de Pedro I, Alexéi Ménshikov, construyó aquí su palacio a petición de Catalina I, esposa del zar. Pedro I gustaba de navegar a la isla de Kotlin por las tempestuosas aguas del golfo, y Catalina pensó que su marido, de regreso, sin falta pasaría a ver a Ménshikov y después continuaría hacia San Petersburgo por tierra.

Para tener una idea de cómo vivía el zar de Rusia a mediados del siglo XVIII, nada mejor que visitar el palacio de Pedro III, minúscula edificación con interiores de la época. Joya del complejo de Oranienbaum es el Palacio Chino, obra del arquitecto Antonio Rinaldi, donde Catalina II llevaba en verano a sus amigos íntimos. En el complejo de Oranienbaum termina la llamada cadena oeste de los palacios imperiales. Y todavía falta por recorrer la denominada cadena sur: Pushkin, Pávlovsk y Gátchina.

El más famoso de los otros palacios imperiales es el de Catalina, en Pushkin (ex Tsárskoye Seló). Tras su fachada de 740 metros, el palacio guarda muchos tesoros, como la famosa Cámara de Ámbar, robada por los nazis durante la II Guerra Mundial y recreada por artistas rusos con financiación alemana, o la Sala de Bailes, obra maestra de Bartolomeo Rastrelli. El salón -de 846 metros cuadrados- parece incluso más grande gracias a las 12 altas ventanas para la primera luz del día, que tienen otras más pequeñas encima para dar la segunda luz. La decoración de gran parte del palacio fue encargada por Catalina al arquitecto escocés Charles Cameron, que creó maravillas como la Sala Celeste China.

Residencia de verano

Si Peterhoff se asocia ante todo a Pedro I, y Pushkin a Catalina II, Pávlovsk nos recuerda a María Fiódorovna, la esposa alemana de Pablo I. Catalina II regaló estas tierras a su hijo cuando nació el primogénito, el futuro Alejandro I. Después de que Pablo I fuera asesinado, su viuda convirtió Pávlovsk en su residencia de verano. El palacio y la decoración de la primera planta son obra de Cameron, mientras que la segunda fue decorada por el italiano Vincenzo Brenna.

Gátchina, que cierra la cadena sur de palacios, fue regalado por Catalina II a su favorito, Grigori Orlov. A la muerte de éste, en 1783, la emperatriz obsequió Gátchina a Pablo I, quien lo convirtió en su residencia permanente, miniestado con fortalezas y ejército. Pablo I, además de pasión por las maniobras y desfiles,tenía buen gusto artístico: para decorar los interiores del palacio, obra de Rinaldi, trajo a Brenna. Una de las más espléndidas salas es la Púrpura, que Brenna adornó con gobelinos que ilustran episodios del Quijote.

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos

Prefijo telefónico: 00 78 12. Población: unos cinco millones de habitantes.

Cómo ir

- Lufthansa (902 22 22 01), ida y vuelta a San Petersburgo con una escala en Alemania (última salida, el 31 de agosto), 399 euros más tasas.

- KLM (902 222 747), desde Madrid y Barcelona con escala en Amsterdam, 410 euros más tasas.

- Aeroflot (914 31 37 06), desde Madrid y Barcelona con escala en Moscú, 439 y 482, respectivamente, más tasas.

Viajes organizados

- Politours (en agencias) ofrece en julio ocho días a San Petersburgo y Moscú, con vuelos, hotel y visitas, desde 599 más tasas. Sólo San Petersburgo: vuelos, traslados y tres noches, en verano, desde 651 más tasas.

- General Tours (en agencias), vuelos, traslados y tres noches de hotel (desde tres estrellas), a partir de 727 euros, hasta el 15 de septiembre.

- Catai (en agencias), vuelos, traslados y tres noches de hotel (desde tres estrellas), a partir de 728 euros (hasta mediados de septiembre).

Dormir

- Hotel Púlkovskaya (123 51 22). Ploshchad Pobedi, 1. Un cuatro estrellas cerca del aeropuerto de Púlkovo. La doble, 75 euros.

- Hotel Matísov Dómik (318 70 51, 318 54 45 y www.matisov.spb.ru). Náberezhnaya Reki Priazhi, 3. Pequeño y agradable. A 10 minutos a pie del famoso teatro de ópera y ballet Maríinski (ex Kírov). La habitación doble, desde 100 euros.

- Hotel Moskvá (274 30 01). Ploshchad Alexandra Nevskogo, 2. Típico hotel soviético, aunque renovado, al final de la avenida Nevski. Desde 70 euros.

- Hotel Oktiábrskaya (277 63 30). Ligosvski pr., 10. Otro tres estrellas soviético renovado, a unos 150 metros de la estación adonde llegan los trenes de Moscú. Desde 110 euros.

- Hotel Astoria (303 50 10).

Bolshaya Morskaya Úlitsa, 39. Histórico hotel cinco estrellas ubicado frente a la catedral de San Isaac. Cerca de 300 euros la doble. Junto a este hotel, del que antes formaba parte, se encuentra el D'Angleterre (303 57 57), un cuatro estrellas a 250 euros la habitación doble. Fue allí donde se suicidó el famoso poeta Serguéi Yesenin.

Restaurantes y cafés

- Rússkaya Ribalka (323 98 13 y

www.russian-fishing.ru). Krestovski Óstrov, Yúzhnaya Doroga, 11. Abre de 12.00 a 21.00 horas. Ubicado en la isla Krestovski, famoso porque uno mismo pesca el pez que luego le prepararán a su gusto (ahumado, al horno, frito o al grill), y también porque en el año 2001 fue visitado por los presidentes Vladímir Putin y Jacques Chirac. Los precios van desde 12 euros por una trucha hasta 37 por el esturión más caro (beluga). La carne más barata, 8.

- Akvarel (312 86 00). Pr. Dobroliúbova, 14-A.

El restaurante más de moda, que en realidad es un barco remodelado, anclado junto al puente de la Bolsa (Birzhevói Most), con tres cubiertas. El restaurante está en la segunda, y en la tercera funciona un grill bar. Ensaladas desde 10 euros, platos de fondo desde 13. Abre al mediodía y hasta que se va el último cliente.

- Brodiáchaya Sobaka (315 77 64 o 312 80 47).

Plóshchad Iskusstv, 5. Ubicado en la plaza de las Artes, a 50 metros del Museo Ruso. Abierto de 11.30 a medianoche. Literalmente se llama El Perro Vagabundo, famosísimo café por haber sido un club donde a principios del siglo pasado se reunía la bohemia intelectual. Lo frecuentaban, entre otros, los poetas Anna Ajmátova, Ossip Mandelshtam, Nikolái Gumeliov, Velemir Jlébnikov y Vladímir Mayakovski y el pintor Mijaíl Lariónov. El conde Alexéi Tolstói escribió para el club un himno especial, una obra de teatro y redactó sus estatutos. Fue reinaugurado a finales de 2000. Precio medio, unos 15 euros.

- Idiot (315 16 75). Moika, 8.

Bautizado El Idiota en honor a la famosa novela de Dostoievski, tiene libros que uno puede hojear mientras come y se distingue por ser vegetariano. Excelentes borshs. Todos los platos son servidos con una copita de vodka. Unos 12 euros. Abre de 11.00 a 1.00.

- Purgá (313 5115). Fontanka, 11.

Su nombre significa la tormenta de nieve y fue creado por tres artistas. Este café tiene un espectáculo nocturno (por televisión en circuito cerrado) en el que se ríe de la escasez de productos que existía en la época soviética. Un plato de salmón, por 5 euros; carne, 6. Abre de 16.00 a 6.00.

Visita de los palacios

Los palacios abren entre las 10.00 y las 11.00 y cierran entre las 17.00 y las 18.00. A Strelna se llega en tren desde la estación del Báltico (Baltíiski vokzal, metro Baltíiskaya). A Peterhoff (40 minutos de viaje), se puede ir en verano por mar desde el muelle cerca del Ermitage, puente del Palacio (25 minutos de viaje hasta el Parque Inferior); el Gran Palacio cierra los lunes y el último martes de cada mes. Lomonosóv (Oranienbaum; cerca de una hora de viaje; a unos 200 metros de la estación comienza el parque de los palacios, que cierran los martes) y Gátchina (50 minutos de viaje en dirección sur; cierra los lunes y el primer martes de cada mes). Desde la estación de Vítebsk (Vítebski vokzal, metro Púshkinskaya) salen los trenes a Pushkin (30 minutos de viaje). El palacio de Catalina (cierra los martes y el último lunes de cada mes) y Pávlovsk (40 minutos de viaje; el gran palacio cierra los viernes). Todos los palacios tienen hermosos parques, obras maestras de la arquitectura paisajística. Desde la estación de Pávlovsk se puede ir en los autobuses 371 y 382 hasta el palacio, pero es mucho mejor caminar unos 20 minutos por el parque hasta el palacio-museo. En cualquier caso, tanto en Pávlovsk como en los otros lugares hay que calcular como mínimo una hora para pasear por los parques que rodean los palacios. Las entradas cuestan entre 7 y 9 euros para los extranjeros, y el tren, no más de 2 euros ida y vuelta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de julio de 2003

Más información