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Necrológica:

Ángel Fernando Mayo Antoñanzas, devoto de la música de Wagner

Ángel Fernando Mayo Antoñanzas, el gran especialista español de la música wagneriana, falleció en Madrid en la noche del pasado sábado, a los 63 años de edad, a causa de una encefalitis hepática, por la que estaba hospitalizado desde el pasado martes. La pasión por el compositor Richard Wagner marcó su vida. Se transfiguraba al hablar de su ídolo, transmitiendo un magnetismo contagioso. Su único hijo varón lleva el nombre de Ricardo en homenaje al autor de Tristán e Isolda, y dos de sus hijas, Eva y Elsa, aluden a heroínas de Tannhäuser y Lohengrin. Conferenciante deslumbrante, tiene en su haber algunos libros de referencia sobre Wagner, como el editado por Península, o traducciones emblemáticas como la de Martín Gregor Dellin, en Alianza, o de títulos del propio autor como la imprescindible Ópera y drama, editado por la Junta de Andalucía, o, en un registro autobiográfico, Mi vida, en Turner. Por encima de todo amaba Bayreuth, donde llegó a trabajar entre bastidores del teatro de la verde colina. En el apartado musical admiraba también a Bruckner, Beethoven, Strauss, Pfitzner e incluso Bellini. Y como director de orquesta a Hans Knappertsbusch. Le entusiasmaba el mundo del toreo y el de la buena mesa (era un incondicional de la lamprea). Del mundo literario hacía elogios encendidos de José Jiménez Lozano. Los amigos le llamábamos afectuosamente Wotan, en referencia al personaje fundamental de El anillo del Nibelungo. Tuve la fortuna de escribir con él un librillo sobre El holandés errante para Cátedra, con motivo de la Expo de Sevilla. En menos de un mes se representará esta ópera en Madrid. No será lo mismo sin su presencia. El único consuelo que llenará su ausencia será volver a escuchar la música de Richad Wagner, que él tanto nos enseñó a amar.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de junio de 2003