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COLUMNA

Joan Tabique

Antoni Tàpies ha recibido el premio Velázquez en el Prado. No obstante, no voy a hablarles de Antoni Tàpies, sino de Joan Tabique. La Fundación Joan Tabique (1990-1997) pudo nacer como una respuesta paródica -irreverente o no- a la Fundación Antoni Tàpies. Tenía un boletín llamado Fíjate cuya tirada era de ciento treinta ejemplares, de los cuales no existían dos iguales, porque se manipulaban página a página, haciendo pequeñas o grandes variaciones. Según se lee en la historia del Fíjate: "Los receptores de la publicación eran los propios autores del contenido, y en los tres años que se publicó Fíjate, se recibieron más de cien colaboraciones de niños, médicos, estudiantes, madres, artistas... Ahora esos ejemplares pueden verse en las bibliotecas del Museo Reina Sofía, el Macba, el Museu d´Art Nacional de Catalunya, la Fundació Joan Miró, e incluso en el MOMA de Nueva York".

La presentación del Fíjate X, conmemorativa de los diez años de la desaparición de Fíjate, tuvo lugar en Bilbao en el Espacio Abisal. Se sorteó entre los asistentes una de las cajas de acciones visuales, que contenía tres Fíjate X de papel, dieciocho objetos (inspirados en la equis) y un mini CD-Rom (con piezas digitales, entre las que hay vídeos interactivos, infografías, y audios). A muchos todo esto les parecerá un lío, incluso una mamarrachada, y se preguntarán por qué personas que estaban en lugares tan distantes como Nueva York, Bilbao, París, Cáceres, León, Ojén, Reus, Martorell, Corbera, Orpí o Barcelona se pusieran de acuerdo, como una orquesta sinfónica, para llevar a cabo este proyecto. Se podrían argumentar muchas razones, pero tal vez la más importante fuese la simple diversión, si dejamos de lado la enorme satisfacción que produce unir a muchos amigos en un proyecto común, y el placer de hacer cosas que, supuestamente, no sirven para nada.

Antes de la fiesta de presentación del Fíjate X, se celebró una alubiada íntima junto a la catedral de Santiago, en donde se dispusieron unas mesas sobre caballetes. A los postres, se acercó una señora que deseó a los presentes buen apetito. Al ver los comensales que no tenía intención de marcharse, le preguntaron si quería tomar algo. Sin dudar, la señora señaló con el dedo la botella de vodka Absolut, y dijo: "Un poco de eso".

Animada por el aguardiente, contó la historia de su vida. Estaba en una residencia de ancianos porque, después de divorciarse, su marido se había quedado con el piso. No hay necesidad de adjetivar este momento acudiendo a la nostalgia del Dadá, o a tiempos pasados, simplemente fue definido como Momento X, y en las fotografías que lo congelaron para la posteridad quedó constancia de que, en el cielo, dos aviones de pasajeros se habían cruzado, formando sobre las cabezas de los presentes una gigantesca X con sus rastros de humo.

A la pregunta de si esto es arte, si tienen curiosidad, pueden ustedes visitar la página www.fijatex.com. Respecto al premio Velázquez, muchos opinan que Joan Tabique se lo ha cedido amablemente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de junio de 2003