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Universidad

Profesores y doctorandos de la UPV suplen la falta de técnicos de laboratorio

Las 92 plazas son insuficientes para las necesidades de los 161 grupos de investigación

El difractómetro automático de monocristal de cuatro círculos es un sofisticado instrumento científico de complejo nombre y una de las últimas adquisiciones de los Servicios Generales de Investigación de la UPV. Permite analizar con gran precisión la composición de materiales y por ello es usado por investigadores y grupos de distintos campos de conocimiento. Pero éstos no sólo se valen de él para sus investigaciones. También deben encargarse de su mantenimiento, ya que aún no se ha creado la figura del técnico que debería realizar esta labor. No es éste, sin embargo, el único caso en el que profesores y doctorandos deben asumir tareas similares en los laboratorios y otras infraestructuras científicas.

La escasez de personal técnico de laboratorio, aquel cuyo cometido consiste en gestionar y cuidar las instalaciones y maquinaria científica para facilitar el trabajo de investigadores y docentes, constituye un problema estructural de la universidad pública vasca desde su gestación. Mientras que el volumen de la actividad generadora de conocimiento crece en la medida en que aumentan los grupos de investigación, los investigadores y los equipamientos, el número de miembros de su red logística sigue siendo insuficiente, como reconocen fuentes del Rectorado.

Los 161 grupos de investigación que funcionan actualmente en la UPV -65 consolidados y de alto rendimiento y los otros 96 emergentes-, que agrupan a cerca de 1.500 docentes y 500 becarios, disponen sólo del apoyo de las 92 personas que forman el personal de laboratorio de la universidad pública: 16 maestros de taller, figura en vías de desaparición, 45 técnicos especialistas y 31 oficiales de laboratorio.

Ellos son los responsables de un equipamiento numeroso, de una gran diversidad, de muy diferente naturaleza -no es lo mismo el estabulario que un laboratorio de mecánica nuclear-, que requiere, por tanto, distintos grados de cualificación y formación que debe actualizarse de forma constante.

Memoria de necesidades

La combinación de las tres circunstancias, el elevado número de grupos de investigación, la cantidad de instrumental e instalaciones existentes y un reducido equipo de personal de laboratorio disponible, se plasma en una situación de precariedad en el trabajo de investigación que se ha sobrellevado, como admiten desde el equipo de Manuel Montero, gracias a la buena voluntad de investigadores y personal en formación.

El investigador y presidente de la Asociación de Catedráticos de la UPV, Juan Aréchaga, lo confirma: "Nuestra universidad tiene una cabeza muy grande y unos pies de barro. Se contratan muchos investigadores, se invierte en instrumentación, pero no en técnicos, lo que supone que sean los propios investigadores y doctorandos quienes se encarguen de su manejo, en ocasiones tan complejo que no pueden compatibilizar esa labor con la investigación. Debería establecerse un módulo de contratación de técnicos por cada contratación de profesores para que se produjera un crecimiento simultáneo".

El deseo de modificar esta situación y la necesidad de contar con infraestructura y recursos humanos para reforzar unos servicios generales de investigación abiertos también a colaborar con otras instituciones públicas y privadas ha empujado a la UPV a tomar la iniciativa. La universidad pública está ultimando una memoria de necesidades en este campo que presentará en breve al Gobierno para obtener su ayuda.

El principal sindicato en la UPV, Comisiones Obreras, considera que la clave estriba, más que en el aumento del número de técnicos, en establecer una planificación racionalizada y justificada del personal de laboratorio. "El objetivo tiene que ser la funcionalidad y para ello es necesario fijar el número de instalaciones, su carácter de investigación o de prácticas, su estructura,... En el asunto del personal de laboratorio funcionan mucho los tópicos. Antes de pensar en incrementos, lo importante es definir un uso racional de los recursos", apuntan fuentes de esta central.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de junio de 2003