Crítica:FERIA DE CÓRDOBA | LA LIDIACrítica
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César Jiménez pide sitio

Pocos aspectos positivos dejó la segunda corrida de feria, sobresaliendo la buena imagen del debutante César Jiménez. La fragilidad del encierro de Zalduendo, sin llegar a las cotas negativas de los toros de El Capea de la tarde anterior, cercenó los deseos de los matadores. Una tarde de toros que quedó maquillada con los detalles de César Jiménez.

Enrique Ponce y Córdoba se gustan de siempre. Esta debilidad del torero se traduce, año a año, en el esfuerzo del diestro por triunfar por encima de todo. En su segundo alargó innecesariamente una faena armada con consistentes tandas con la mano derecha en las que el de Chiva ligó y templó larguísimos muletazos. El toro desmayó su esfuerzo colaborador cuando Ponce intentó torear al natural, donde no se alcanzó el lucimiento deseado. El morlaco pedía la espada y Ponce, más con el corazón que con la cabeza, quiso seguir toreando en su eterno deseo de agradar. Consiguió la oreja después de un buen espadazo. A su primero, un inválido que debió volver a los corrales, lo mantuvo en pie con exquisita técnica. Faena con la muleta a media altura, sin transmisión y con escaso eco hasta en el propio matador.

Zalduendo / Ponce, El Juli, Jiménez

Toros de Zalduendo, justos de presentación, 1º y 5º inválidos, nobles para los toreros. Enrique Ponce: media, descabello (saludos); estocada desprendida (oreja). El Juli: estocada caída (ovación); estocada, dos descabellos (saludos). César Jiménez: media (oreja); tres pinchazos (saludos). Saludó en el 6º El Chano. Plaza de Los Califas, 29 de mayo. 4ª de abono de feria. Tres cuartos de entrada.

Faena desigual

Peleó con un lote muy irregular El Juli, algo mejor el primero, muy medido de fuerzas, al que realizó una faena desigual y con falta de continuidad. Lo mejor, en el inicio, donde los muletazos en redondo fueron largos. El madrileño se quedó sin argumentos cuando el toro comenzó a defenderse y se sacó de la talega el muestrario de diario, tan del gusto de los tendidos. La estocada no cayó en buen sitio y la presidencia negó una oreja que fue muy solicitada. Con el disgusto en el cuerpo y sin digerir no quiso pelearse con el segundo de su lote, inválido y de bronca embestida, y al que el madrileño no quiso domeñar. Algunos aficionados le protestaron su escasa diligencia y que no se le conocía a El Juli por estos lares.

César Jiménez no quiere perderle la cara a las estrellas del escalafón. Con el desparpajo de los recién llegados, con ese estilo tan personal que interpreta, no cedió un ápice en el ruedo. Rompió el ritmo de la corrida en su primero, un toro muy justito de presencia, pero que sirvió para el último tercio. Más templados los muletazos con la derecha, dándole distancia al toro. Tuvo que enmendarse en el toreo al natural, series en las que el madrileño abusó de las ventajas. El toreo de César Jiménez llega al tendido, que supo corresponderle con la petición de la oreja. Faena de similar estilo al que cerraba plaza y a la que no supo encontrar final cuando acariciaba de nuevo el triunfo. Esta vez mató mal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 29 de mayo de 2003.

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