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Crítica:CANCIÓN | Diego el Cigala y Bebo Valdés

Reinventando añejos sentimientos

Calle 54, el recién inaugurado jazz club del madrileño paseo de la Habana, se está convirtiendo en un fenómeno sociológico. Su asombroso poder de convocatoria no se relaciona con la calidad de su oferta gastronómica, la rapidez del servicio o la comodidad de sus mesas y sillas; la clave reside en que Fernando Trueba y compañía han aglutinado un público heterogéneo que se fía de la inclinación del cineasta por el jazz de raíz afrocubana, brasileña o flamenca, una cruzada personal de felices logros.

Bebo Valdés es la joya de la corona de la escudería de Calle 54 (el sello discográfico) y ha regresado de Estocolmo para las primeras presentaciones de Lagrimas negras, el lustroso disco que grabó el pasado año con Diego el Cigala y que llega a las tiendas mañana.

En los conciertos de Calle 54, el espectáculo alterna entre segmentos de canciones y partes de jazz instrumental a lo Valdés. Nuevamente sólo queda rendirse ante la elegancia de Bebo. Elegancia musical, indumentaria y humana. No faltan los saludos a poetas y músicos presentes en la sala, siempre con generosidad (así, Pedro Iturralde es celebrado como "el mejor tenor que ha dado Europa"). Frente a la abrumadora exuberancia de tantos pianistas cubanos, Bebo controla sus afilados dedos y nunca pierde swing ni limpieza de ejecución. Cuenta con el esbelto respaldo de Javier Colina, cuyos inconscientes gestos de deleite le hacen parecer un niño pasmado ante un fenómeno de la naturaleza en acción. No es para menos: el arte de este octogenario no ha sido mellado por sus años como humilde pianista en hoteles suecos.

El dorado repertorio que comparten Bebo y El Cigala contiene bolero, son, tango, copla. Para los que siempre se han quejado de la tendencia del Cigala a sobreactuar ("chilla demasiado") en su faceta flamenca, puede resultar una revelación escucharle centrado en canciones eternas a las que inflama con su voz rajada. Ocasionalmente, su dominio de algunas clásicas parece incierto, pero la compensación está en el pleno dominio de piezas como Lágrimas negras, con injertos de deliciosos versos flamencos.

Hay 50 años de diferencia entre la edad de Bebo y la de Diego, pero han encontrado un territorio para compartir. Van a salir de gira en próximos meses y sólo queda mencionar que es una conjunción irrepetible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de mayo de 2003