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Crónica:FÚTBOL | 35ª jornada de Liga

Dos detalles de grandeza

La Real recupera el liderato tras un polémico triunfo en Málaga gracias a dos acciones individuales

Vistas las idas y venidas de la Liga, el partido entre la Real y el Málaga estaba condenado a la ida y vuelta, al espíritu vertiginoso del fútbol, a la aceleración combativa y a un estado de ansiedad que le dio tanta emoción como imprecisión. Pero los asuntos tan viscerales, se suelen resolver con un golpe de tacto como el de López Rekarte, en su jugada individual, y el magnífico cabezazo de Gabilondo que le dió a la Real la victoria y el liderato cuando nadie lo esperaba. Cuando más confundida estaba encontró el toque de distinción, un par de jugadas aisladas, probablemente dos detalles de grandeza cuando el partido se había atascado por las incongruentes decisiones arbitrales. Curiosamente, los dos futbolistas que más habían sufrido en defensa (Rekarte y Kvarme) fueron los artífices de la victoria

MÁLAGA 0 - REAL SOCIEDAD 2

Málaga: Contreras; Josemi, Fernando Sanz, Roteta, Valcarce; Miguel Ángel, Romero, Sandro, Musampa; Darío Silva (Leko, m. 82) y Dely Valdés (Canabal, m. 82).

Real Sociedad: Westerveld; López Rekarte, Kvarme, Jauregi, Boris; Karpin (Tayfun, m. 93), Xabi Alonso, Aranburu, De Pedro (Gabilondo, m. 75); Nihat y Kovacevic.

Goles: 0-1. M. 77. Jugada personal por la banda de López Rekarte que centra hacia atrás y Gabilondo cabecea de forma impecable.

0-2. M. 87. Contragolpe perfecto de Kvarme que asiste a Kovacevic y éste bate a Contreras de vaselina.

Árbitro: González Vázquez. Expulsó a Sandro (m. 60) por doble amonestación y mostró tarjetas amarillas a Kvarme, Sandro, Romero, Josemi, Miguel Ángel, Fernando Sanz y Karpin.

Unos 36.000 espectadores en La Rosaleda.

La Real se lo tomó muy en serio, como hace dos semanas en Mallorca, pero el Málaga también, con el mismo ímpetu, porque ambos se jugaban los cuartos aunque sus ahorros coticen de distinta manera en la bolsa del fútbol.

La Real decidió que debía ganar desde el principio (pero ganó al final), que debía tener el balón, que debía jugar con velocidad, al primer toque, sin miedo al riesgo. El Málaga también, aunque ambos utilizaron distintos argumentos para conseguirlo. La Real buscó el fútbol vertical y muy centrado, es decir buscando a Kovacevic y Nihat, permanentemente y obviando, más de lo que acostumbra, los extremos. La velocidad de Nihat se convirtió en el principal argumento, casi en una obsesión mientras el Málaga prefería apostar por los costados donde Musampa superó en todos sus duelos a López Rekarte. Tanto le desbordó, que el defensa realista decidió guarecer su terruño y olvidarse del ataque.

Pero el partido se libraba en la cocina. Allí se observaba un duelo bellísimo entre los cuatro apoderados de la zona. De un lado Xabi Alonso y Aranburu tejìan y entretejían un fútbol veloz, jugado a la primera idea, pero enfrente Sandro no perdía el pulso, más al contrario se convirtió en el jeque del Málaga, en un fielato de lo más productivo. Todo nacía de sus botas, de sus ideas, escoltado por Romero, un futbolista-escoba, de los que barren y aspiran a convertirse en una muralla infranqueable. En plena autopista, el partido se jugó casi al minuto. En la primera mitad se organizaron seis situaciones de gol o que lo pudieron haber sido de no mediar algún desliz inoportuno. Hasta un codazo hubo de Romero a Nihat, que bien pudiera haber alterado los fundamentos del encuentro.

Todo razonable, todo entretenido, pero sin embargo sin gol, a pesar de que ambos equipos alardean, con razón, de dos delanteros por barba prestigiosos.

Hay expresiones que definen la situación. Quizás la más apropiada ayer era la falta de chispa. No faltaba intención, ni voracidad, ni ansias. Faltaba chispa para llegar un segundo antes de lo esperado

La Real acusó en exceso su falta de profundidad por las bandas. De Pedro, sin asistencia de Boris, muy defensivo, se perdió en el campo y Karpin ha perdido mucho gas a lo largo de la temporada. A la Real le sostenía Xabi Alonso, infatigable, pero no tenía más. Disparos lejanos y escasa elaboración, es decir una aptitud demasiado lejana de la que se espera de un aspirante al título.

Y en esa tesitura siguió creciendo el Málaga,bien conducido por Sandro, con la intimidación constante de sus dos delanteros y las intermitentes apariciones de Musampa, siempre a su favor, pero que generalmente morían en el área mansa o lejanamente.

Pudo desequilibrar el equipo andaluz cuando Xabi Alonso desvió con el brazo un disparo fortísimo de Sandro, que se saldó con tarjeta al jugador malaguista, por su protesta. No fue anecdótico. Unos minutos después, una leve entrada a De Pedro le supuso la segunda amonestación y su consiguiente expulsión. Un exceso arbitral y, lo que es peor, un cambio radical en el panorama que había ofrecido el partido.

Los agravios y la tensión superaron al fútbol. El Málaga atendió al árbitro y la Real a la ansiedad que le proponía su superioridad numérica. Ambos se ofuscaron. Con media hora por delante, a la Real le podía la tensión y al Málaga le dio el subidón de la adversidad.

Todo lo zanjó la Real en un santiamén. Dos detalles técnicos, ambos por las bandas, poco utilizadas, le dieron la victoria. Dos zarpazos de éxito, cuando peor jugaba, dos ejemplos de pegada y calidad individual que le mantienen en el punto álgido. Al Málaga le queda el recurso al pataleo. Ciertamente, no fue bien tratado por el árbitro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de mayo de 2003