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Tribuna:

Tecnología contra la muerte

Se imaginan por un momento que el numero de muertos en nuestras carreteras bajara un 30% respecto al mismo mes del año anterior. Nos restregaríamos los ojos; pues bien, ello está registrándose, en estos momentos, en Francia y el Reino Unido. Con independencia de las diferencias que tengan en materia de política iraquí, los gobiernos de Blair y Chirac coinciden en que la tragedia vial no puede seguir en sus actuales niveles. En consecuencia, no les ha quedado otro remedio que hacer que tecnología y derecho empezaran a trabajar conjuntamente, después de culminar un debate democrático y asumir el correspondiente desgaste político.

En el Reino Unido, la instalación de centenas de cámaras de TV, en determinadas zonas, ha dado lugar a resultados espectaculares: la velocidad media ha bajado en un 10% y el numero de fallecidos y heridos graves se ha reducido en un tercio. No ha sido fácil para el Gobierno de Blair persuadir a sus conciudadanos de la necesidad de adaptar una legislación que permita el uso de mecanismos automáticos, basados en un proceso digital tecnológicamente avanzado, para el control y detección de infracciones. Las autoridades británicas han tenido que justificar y explicar a la ciudadanía que estas instalaciones sólo se iban a ubicar en zonas verdaderamente peligrosas, que se avisaría de la existencia de éstas cámaras con el objetivo de que jugarán un papel preventivo, además del sancionador y, lo que es más importante, proponer medidas para mantener el equilibrio entre el doble derecho a la privacidad y a una movilidad segura.

Por su parte, los franceses, que reconocen un retraso respecto a Inglaterra en materia de seguridad en sus carreteras, y que mantienen una cifras anuales escalofriantes: 8.000 muertos y más de 120.000 heridos (proporcionalmente casi tan insoportables como las españolas), han decidido hacer de esta materia una política de Estado. Así además de hablar de "trufar" de sistemas automáticos sus carreteras, están acabando de discutir en el Senado un cambio legislativo, que coja el toro por los cuernos: reforzar la eficacia de la justicia penal en el contencioso de la carretera y reforzar la prevención con toda la tecnología posible. La nueva legislación y los nuevos elementos de control han sido ampliamente publicitados. A Chirac no parece temblarle el pulso: si en la actualidad, un homicidio involuntario en carretera por mala conducción o imprudencia, son 3 años de cárcel y 45.000 euros de sanción, la cosa pasará a 5 años y 100.000 y si se añade alguna circunstancia agravante (alcohol, exceso de velocidad, droga, etcétera) la cosa llega hasta los 7 años y a los 150.000 Euros. El aviso ha tenido efectos inmediatos y así, de los 576 muertos de abril del 2002, han pasado a 405 en el pasado mes (más de 170 franceses han dejado de fallecer) y en cuanto a heridos han bajado desde 11.488 a 8.831. Sólo 42 personas murieron en el fin de semana de la última Pascua, después de los 80 del 2002, los 76 del 2001, los 90 del 2000, los 79 del 1999 y los 115 del 1998.

En Europa (con cifras de muertos en las carreteras muy superiores a los EEUU) hay acuerdo técnico sobre las medidas a tomar: agravar las sanciones contra los imprudentes, utilizar la tecnología para el control en la carretera y dar a los jóvenes un carnet a prueba. Los dramas de la carretera no pueden seguir siendo una especie de impuesto con el que conformarse. En este sentido hay que agradecer aquí la particular campaña que un anchor man como Iñaki Gabilondo lleva haciendo semana a semana.

Aunque sea poco popular, la tecnología para el control está disponible y son sólo razones de carácter jurídico y político las que impiden su puesta en práctica y en ello hay una gran responsabilidad del Gobierno y del Parlamento. Hay muchas maneras de hacer Europa, entre ellas unificando sus valores y prioridades y desde luego la reducción de muertes no es la menos banal.

Gregorio Martín es catedrático de Ciencias de la Computación y director del Instituto de Robótica de la Universidad de Valencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de mayo de 2003