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Macy Gray recupera sus furiosas mezclas eclécticas en su tercer disco

La cantante de Ohio ofrecerá conciertos en España en junio

Macy Gray (Ohio, 1970) irrumpió en la escena musical a finales del pasado siglo, con On how life is, un alborotado disco que rompía esquemas gracias a su impetuosa combinación de soul, funk y rock hippy. Las millonarias cifras de ventas se encogieron con The id (2001), un trabajo aún más audaz que confundió a buena parte de su público inicial. El tercer disco bajo su nombre, The trouble with being myself, retoma la furiosa mezcla de su debut. La cantante ofrecerá conciertos por España en junio.

Dos sorpresas cuando uno se encuentra con Natalie McIntyre, alias Macy Gray, en carne y hueso: la primera, que es una mujer corpulenta, muy lejos de las sílfides habituales en el R & B, y que, desde luego, uno puede imaginar como madre de esos tres niños que tiene. La segunda, que en nada recuerda a la Macy del escenario, un espíritu libre capaz de cantar tumbada en el suelo y de bromear constantemente con los músicos y el público. Con un gorro de piel y unas gafas enormes, parece buscar el anonimato, aunque no lo consiga.

Tras un buen rato de preguntas simples y respuestas evasivas, termina relajándose y aceptando los términos del encuentro. "Es que todo el mundo quiere saber lo que pienso de la Guerra de Irak y yo no tengo mucho que decir, estuve llevando una camiseta antibelicista y sólo me queda tristeza", se disculpa. Se anima en los asuntos musicales: "No entiendo que llame tanto la atención mi mezcla de soul con rock. Mi ciudad natal, Canton, estaba integrada racialmente: cerca de mi casa vivía Brian Warner, es decir, Marilyn Manson. Ahora mismo, mi grupo favorito son los White Stripes". Sus planteamientos estéticos se aproximan a los de otro artista inclasificable del norte de EE UU: "Antes de que llegara el hip hop, la música que me representaba era la de Prince, llegué a pintar mi dormitorio de púrpura, que es su color".

Explica que tuvo una adolescencia amarga, tanto por su envergadura y su comportamiento anticonvencional - "los niños no aceptan a alguien diferente"- como por su afición a fumar marihuana: "Mi ficha policial debe estar bastante llena de incidentes. Pero son minucias, en realidad me gustaría haber sido una profesional del delito, robar bancos y cosas de esas". ¿Perdón? "Mis películas favoritas son Bonnie and Clyde, El padrino y las que protagonizan delincuentes y mafiosos".

Mejor pensar que esa fantasía -que salió a la superficie en canciones como I've commited murder, donde comete un asesinato y queda impune- es un poso de su vocación original: Macy estuvo estudiando escritura cinematográfica en una universidad de Los Ángeles y trabajó en los margenes de Hollywood, como lectora de guiones e integrante de un equipo de realización de vídeos musicales . No ha renunciado al cine: "He aparecido con Denzel Washington en Training day y me he visto obligada a rechazar otros papeles, es muy difícil compatibilizar las fechas de rodaje con el estudio de grabación y las giras".

En directo, suele presentarse Macy al frente de una banda numerosa, con abundancia de metales, guitarras y teclados: "Necesito sonidos orgánicos, no me gusta llevarlo todo grabado. Mi manager dice que es un disparate económico pero a mí no me gustaría haber podido ver a Marvin Gaye o Billie Holiday y encontrarme con que habían economizado en músicos". La concesión a la modernidad es la presencia en sus conciertos de un DJ, de nombre artístico Kiilu, relacionado sentimentalmente con ella: "Es una gran persona, tiene un hijo que se lleva muy bien con los míos. Me gusta explicar que soy una madre de familia, que no me paso la vida tomando drogas y montando orgías".

La vida diaria de Macy es objeto de especulación en la prensa sensacionalista de EE UU: "Siempre están deformando todo lo que digo, todo lo que me ocurre. A eso se refiere el título de mi nuevo disco (traducido, El problema de ser yo misma). En la portada estoy desnuda en un rincón, como si me escondiera del mundo... Me hieren las cosas que dicen de mí. He hecho tres discos en cinco años, así que no creo que sea perezosa. Otro asunto es que me cueste ser puntual y organizada". Está aquel famoso incidente en que tenía que cantar el himno nacional de su país y se olvidó de la letra: "Me empujaron a hacerlo, que si era un gran honor y una promoción importante. Supongo que, inconscientemente, me rebelé".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de mayo de 2003