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Crítica:TEATRO

En un país de opereta

El Teatre Romea de Barcelona ahora y la compañía Dagoll Dagom en el festival Grec parodian la actualidad española a través de dos musicales de Offenbach.

Coincidieron los años de esplendor de Offenbach con el inicio de la decadencia del Segundo Imperio, cuando la democracia francesa estuvo contra las cuerdas y la especulación alcanzó su apogeo. El músico empresario y los mordaces libretistas Henri Meilhac y Ludovic Halévy encontraron en la doble moral burguesa, el militarismo y la política cotidiana la sustancia de unas parodias que aún hoy dan mucho juego en manos hábiles. Nada es casual, y tampoco el que justo en este momento se avecine un tropel de musicales del rey de la opereta: Orfeo en los infiernos, El sobrino de Offenbach, La vie parisienne y La Perrichola.

Orfeu als inferns, primero en estrenarse, pervierte el mito de Orfeo y Eurídice: Plutón rapta a la ninfa, y Orfeo, que está encantado de librarse de ella, se ve obligado a ensayar su rescate porque La Opinión Pública, personaje alegórico y satírico, no piensa callar hasta que se recomponga la pareja. "Hemos reescrito de cabo a rabo lo que dice este personaje, para que sea la voz de la calle", explica Pep Bras, guionista de los programas de televisión y radio que produce El Terrat, y responsable, junto a Joan Anton Rechi, de la adaptación. "Nuestra Opinión Pública dice, con muy mala leche, lo que puede escucharse en cualquier bar: sobre la invasión de Irak, sobre Bush, sobre Aznar, sobre los teléfonos móviles... Y sobre muchas cosas que iremos actualizando sobre la marcha".

Offenbach hizo dos versiones de esta opereta. "En la nuestra, orquestada para seis músicos por Antoni Parera, Orfeo es un yuppie casado con una bailarina de revista a la que ha retirado de los escenarios para darle una vida cómoda y aburrida", explica Rechi, que se encarga de la puesta en escena. "Plutón es un medio cantante medio mago que todo lo prueba y lo lleva al límite; y Júpiter, el gran empresario de un cabaré a lo Folies-Bergère".

De los cuatro espectáculos, el de mayor formato es La Perrichola, que, producido por Dagoll Dagom, abrirá el Festival d'Estiu de Barcelona, en el Teatre Grec. "Su protagonista es la actriz Micaela Villegas, amante de Manuel de Amat, virrey del Perú, tío del barón de Maldà y ascendiente de los Villalonga", explica Joan Lluís Bozzo, director de la compañía. "Esta historia de un catalán del siglo XVIII, amante de una peruana a la que llamaba 'Perra Chola', nos fascina desde que vimos La edad de oro, la deliciosa película de Jean Renoir. Amat regresó a Barcelona multimillonario, se casó con una mujer cincuenta años más joven, a la que popularmente decían 'La Virreina', y ambos se construyeron un palacio en Las Ramblas, sede actual del Institut de Cultura de Barcelona. Pero nada de esto se cuenta en la opereta de Offenbach. La hemos trasladado al Peperú, país de opereta muy semejante a la España actual, en el que el poder lo avasalla todo e intenta tirarse a la juventud, el arte y la ingenuidad, simbolizados en La Perrichola".

El origen literario de esta opereta es La carroza del santo sacramento, obrita que Merimée recoge en su tomo El teatro de Clara Gazul. "Offenbach y sus libretistas saquearon el argumento para hacer una comedia de intrigas y ridiculizar a su poderoso protagonista". Meilhac y Halévy introdujeron en La Perrichola numerosas alusiones al Segundo Imperio, como el coro final en el que se canta: "Il grondira, car il est espagnol, gno, gno, gnol". Explica Bozzo: "Napoleón III estaba casado con Eugenia de Montijo, que tenía fama de favorecer descaradamente a sus paisanos. El virrey de nuestra puesta en escena podría ser Aznar, y lo que caricaturizamos es esta España de la bandera de 300 metros cuadrados que nos quiere vender el PP, enchapapotada y falta de sintonía con las periferias". La versión es de Xavier Bru de Salas y la dirección musical, de Joan Vives.

El nebot d'Offenbach (El sobrino de Offenbach), que dirige Pere Sagristà, que recoge fragmentos paródicos de estas dos operetas y de Ba-ta-clán, Los bandidos, La vie parisienne, La grande-duchesse de Gérolstein y Madame l'Archiduc. "Todos cantados, salvo un monólogo de La sastressa de Midal Vent, ripiosa y decimonónica versión catalana de La grande-duchesse de Gérolstein", dice Sagristà, quien considera insuperable en su género la música del compositor, y actualísimo su humor.

Orfeu als inferns. Desde el 19 de abril. Barcelona. Teatre Romea. El nebot d'Offenbach. 30 de mayo y 1 de junio. Reus. Teatre Bartrina. Del 4 al 22 de junio. Barcelona. Nou Tantarantana. La vie parisienne. 31 de mayo. Reus. Teatre Fortuny. La Perrichola. Del 25 al 30 de junio. Barcelona. Teatre Grec.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de abril de 2003