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Reportaje:El otro profesionalismo

La cara pobre del deporte

Alejados del lujo que rodea a las grandes estrellas, jugadores de fútbol, baloncesto o balonmano sufren para llegar a fin de mes porque sus clubes no les pagan sus sueldos

¿Se imagina usted a un deportista profesional con problemas económicos para pagar la factura del teléfono, echar gasolina al coche o, simplemente, comer? Usted pensará que no; que el deportista vive sobrado, rodeado de lujos y caprichos. Sí y... no. Porque el deporte tiene una cara pobre. No todo son estrellas millonarias del balón. También hay profesionales del fútbol, el baloncesto y el balonmano, entre otros deportes, que sufren los graves problemas financieros de sus clubes y tienen dificultades para llegar a fin de mes porque no han cobrado desde hace tiempo.

No es el caso de los futbolistas de la Primera División, por más que algunos equipos, como el Atlético, no paguen sus mensualidades a tiempo. Ellos son los vecinos ricos. En la otra acera hay equipos de Segunda, como el Compostela, el Sporting, el Oviedo, la UD Las Palmas o el Salamanca, y de Segunda B; de baloncesto, como el Cáceres, y de balonmano, como el B. Valencia y el Cantabria, que viven otra realidad.

"Los aficionados con bares nos daban de desayunar. Y otros, dinero para los alquileres"

"Hablo con el banco y me dicen que les da igual, que a ellos no les importan mis problemas"

- Desahuciados y sin dinero para comer. La situación no es nueva. El Logroñés bajó a la Tercera División en agosto de 2000 por deudas con sus jugadores y en enero de 2001, después de cuatro meses sin cobrar, toda la plantilla se encerró en el viejo estadio de Las Gaunas durante cuatro días enteros para exigir una solución. "Hacía muchísimo frío; había goteras y humedad; dormíamos en sacos de dormir y colchones, en las camilla de masaje y en el antepalco... Lo pasamos fatal, pero es que no aguantábamos más", recuerda Jordi Bretón, extremo derecho de 28 años y nueve temporadas ya en el club riojano. "En la plantilla había hasta problemas de manutención. Algunos jugadores tenían dificultades para comer. A otros les echaron de sus casas por no pagar, fueron desahuciados. Los aficionados que tenían bares o restaurantes nos daban todos los días de desayunar o comer porque no teníamos dinero ni para eso. Los domingos, el día del partido, la gente ponía dinero en una caja para pagar el alquiler de nuestras casas, que compartíamos apelotonados entre varios... Fue horrible". Los jugadores recibieron también fruta de algunos comerciantes y una tienda les proporcionó carne.

La situación no cambia. El pasado diciembre, después de otros cuatro meses sin cobrar, los jugadores se negaron a viajar a Binéfar hasta que les pagaran.

- Bajas por depresión y recolectas. El caso del Logroñés se repite con distintos nombres. El Compostela, uno de ellos. Sus futbolistas llevan ocho meses sin cobrar y sus empleados once. Entre los trabajadores, varios han denunciado al club y otros dos han dejado sus ocupaciones por depresión. La situación es tan extrema que algunos socios han recaudado 4.500 euros y los han repartido entre los seis empleados más necesitados. No está precisamente entre ellos el hijo del presidente, José María Caneda, que sí ha cobrado y hace dos semanas estrenó coche nuevo.

"Los jugadores no vemos un céntimo desde el 27 de julio", afirma el capitán del Compos, Pablo Pinillos, casado, con un hijo de dos años y medio y otro en camino para agosto. "Quiero comprarme algo y no lo hago. Tengo miedo. Mi familia me está ayudando y voy tirando de ahorros, pero no veo una solución", añade. Los futbolistas exigen la dimisión de Caneda como solución, pero no pueden denunciar al club ante la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) hasta el 30 de junio.

¿Y mientras tanto? "Mientras tanto, los bancos no esperan. Te machacan a llamadas todas las semanas. Mi familia lo lleva fatal porque esto afecta a las relaciones personales", cuenta el delantero Maikel. Su mujer no trabaja porque cuida a los dos niños pequeños de la pareja, de dos y tres años y medio. Las facturas de un par de meses de la guardería se acumulan y el dinero hay que estirarlo "como chicle".

- Pagarés aplazados y embargos a los clubes. Aunque menos graves, también otros jugadores se ven afectados por la mala situación económica de sus clubes. Y toca apretarse el cinturón. Como en el Sporting de Gijón, informa Mario Díaz, cuyos jugadores no han cobrado todavía las fichas del curso pasado. La directiva aplazó la deuda con los futbolistas hasta octubre pasado mediante unos pagarés. No pagó. Luego, hasta marzo pasado. Nada. Y ahora se ha comprometido a que abonará las fichas antes del 31 de mayo. "Algunos compañeros han tenido que pedir dinero a sus padres como si todavía fueran niños que van a por el sueldo de la semana", cuenta el defensa Diego Alegre. El vecino del Sporting, el Oviedo, tampoco vive días de gloria. Último clasificado en la Segunda División, sus jugadores no han cobrado los sueldos de los últimos dos meses.

El Salamanca tiene cinco sentencias judiciales en contra por no pagar los sueldos correspondientes a los derechos de imagen de cinco futbolistas: Mijanovic, que tiene dos embargos pendientes al club por valor de 98.000 euros; Javier Dorado, al que se le deben 124.000 euros; Jesús Velasco, 120.000; Toedtli, 250.000, y Pavlicic, 220.000. Las dos últimas sentencias son de hace poco más de una semana.

La UD Las Palmas debe otras dos mensualidades a sus futbolistas y empleados y no tiene dinero para el próximo viaje a Almería, que cuesta unos 9.000 euros. El personal no deportivo puede presentar hoy una huelga.

- "Al banco no le importan mis problemas". No sólo el fútbol lo pasa mal. Los jugadores del Cáceres de baloncesto estuvieron esta temporada cuatro meses sin cobrar. El club estuvo a punto de desaparecer y se salvó por una ampliación de capital y porque el Ayuntamiento ha adelantado una subvención a la entidad. "Hacía años que no estaba en números rojos. El banco me devolvía a casa las facturas sin pagarlas. El club se iba a pique. No había dinero ni para viajar ni para los hoteles", cuenta el capitán, Ferrán López. "¿Cómo le puedo explicar a Telefónica que no tengo dinero para el recibo porque mi club no me ha pagado? Yo hablaba con el banco y me respondían que les daba igual, que a ellos no les importan mis problemas", afirma Ariel Eslava, padre de un niño de cuatro años y con familia en Argentina a la que también ayuda económicamente.

- La tarjeta de crédito no sirve en el supermercado. El balonmano vive sus particulares penurias. Los jugadores del Cantabria, octavo en la División de Honor, han estado dos meses sin cobrar, hasta que el Racing de Santander, gestor del equipo, se hizo cargo de la deuda tras la llegada de Dimitri Piterman. "Nos han retirado tarjetas de crédito por impagos y hemos tenido a los bancos en la puerta de casa", cuenta el capitán, Rodrigo Reñones. "Íbamos al supermercado y la tarjeta ya no servía. Y luego hay que llegar a casa y ver la cara que pone la familia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de abril de 2003