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Reportaje:UN PAÍS DE CINE / DVD | 'Mi querida señorita'

Solterona en aquella España

La colección de cine de EL PAÍS presenta 'Mi querida señorita', de Jaime de Armiñán

Jaime de Armiñán ya había demostrado su talento creativo antes de exponerle a José Luis Borau, en 1971, una historia de transexualismo (la de una mujer de una ciudad pequeña que en su madurez comprende que es un hombre) desde la convicción de que era un buen argumento que la censura no permitiría. Borau, sin embargo, decidió producir el filme. Su habilidad para sortear dificultades se plasmó en Mi querida señorita, una de las películas más taquilleras de 1972 y el premio de interpretación del festival de Chicago para su protagonista, José Luis López Vázquez, espléndidamente arropado por Julieta Serrano, Lola Gaos y Chus Lampreave. Una película que podrá comprar mañana, sábado, por 5,95 euros, quien adquiera el diario EL PAÍS.

En 1971 las libertades no gozaban de buena salud en España", escribió Antonio Giménez-Rico al comentar la época en que se filmó Mi querida señorita: "En aquellos días se suspendían publicaciones molestas y hasta se dinamitaban, así como suena, periódicos candorosamente díscolos (revista Triunfo y diario Madrid), y el cine no era una excepción". Efectivamente, la censura extremaba sus rigores, temiendo quizás que el cine propagara las protestas que universitarios y obreros expresaban por doquier. "El acometer una obra cinematográfica, al menos, en este país, resulta siempre tarea, en cierto modo disparatada y absurda", comentaba por esas fechas Jaime de Armiñán, hombre ya experto en cuitas con la censura, tanto por sus películas anteriores como en su largo hacer como guionista en la única televisión que entonces había.

"Una insólita, triste, ambigua, imposible, dolorosa y arrebatada historia de amor"

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Precisamente a la revista Triunfo contó Jaime de Armiñán la génesis de su película Mi querida señorita, producida por Borau, también coautor del guión, y que acabó siendo una de las más taquilleras de 1972 -cerca de dos millones de espectadores-, aplaudida por la crítica, y nominada al Oscar de Hollywood: "Fíjate, qué pena", le dijo un día a Borau: "Un tema que no se puede tratar en España y que sería precioso hacerlo es la historia de un cambio de sexo". "¿Y por qué no?", le respondió el audaz aragonés: "Todo dependerá de la forma en que se trate". Y se pusieron a trabajar: "Cada uno de nosotros hicimos seis guiones, seis versiones, y la quinta fue la que presentamos a la censura previa".

Adela Castro (José Luis López Vázquez) es una fea solterona de cuarenta y tantos que vive en una conservadora ciudad de provincias, con la única compañía de su fiel Isabelita, la joven sirvienta (Julieta Serrano), de la que se siente celosa al verla coquetear con muchachos del barrio. Cuando doña Adela es pretendida de amores por un antiguo amigo (Antonio Ferrandis), entra en un mar de confusiones, lo que la lleva a consultar a un médico de la capital...

Que un actor cómico tan popular como López Vázquez apareciera vestido de mujer, podría hacer pensar al público que se trataba de una versión de La tía de Carlos o algo por el estilo, y el actor tuvo sus dudas en aceptar: "Es el trabajo más peligroso que he hecho", reconoció después. Ocho días antes del rodaje dio marcha atrás y, aunque pronto rectificó, Borau y Armiñán, que le sabían imprescindible, se hicieron los suecos no respondiendo a sus llamadas, hasta que finalmente decidieron los tres correr conjuntamente el riesgo. Y es que, como recuerda Borau, "no se trataba de que la gente se riera al ver a López Vázquez vestido de mujer, sino exactamente de lo contrario, de que se impresionaran al ver aquel ser tan desvalido". "Si el público no entraba en ese juego, el fracaso era seguro", corroboraba Armiñán: "El gran milagro de la película es que esto haya funcionado".Y funcionó: López Vázquez obtuvo el premio al mejor actor en el festival de Chicago.

Cuando doña Adela descubre que realmente es un hombre, "el enfrentamiento de este nuevo personaje con la realidad -social o sexual- se hace angustioso", contó Armiñán a Triunfo: "De entrada, no puede ganarse la vida porque en España ser señorita -soltera, de provincias, sus labores- supone muy poca cosa: dos años de piano y una cierta soltura para la máquina de coser". Y continuaba: "En España se han hecho muchas películas sobre la represión sexual, de acuerdo, pero el 99% de las veces se ha tratado el tema de una manera ordinaria o superficial". La crítica entendió que en esta ocasión, el resultado era muy distinto al de los sainetes eróticos de moda. José Mª Carreño comentó en Fotogramas: "Mi querida señorita es la historia de un aprendizaje repleto de dolor y duda, y es también una historia de amor más allá de cualquier traba, de cualquier norma, de cualquier limitación. Es necesario no quedarse en las apariencias sino descubrir lo que hay debajo. En definitiva, Mi querida señorita es una de esas películas españolas que surgen de tarde en tarde y que se pueden llamar buenas sin ningún tipo de paternalismo".

Giménez-Rico abundó en la idea: "Con el pretexto de narrarnos la patética historia de una mujer que, en plena madurez, descubre que no lo es, sus autores reflexionan sobre la soledad del ser humano, su estremecedora frustración y su indefensión ante una sociedad que no sólo no ha sabido prepararla para desenvolverse en ella, sino que además se manifiesta agresiva e intolerante frente a cualquier tipo de singularidad. Mi querida señorita, además de las muchísimas cosas que es, parece o pueda ser, propone por encima de todo una insólita, ambigua, triste, imposible, dolorosa, transgresora, arrebatada y estremecedora historia de amor".

Los elogios se extendieron a todo el reparto: a la ya citada Julieta Serrano, a Lola Gaos, Chus Lampreave, Enrique Ávila, Mónica Randall... Como curiosidad, recordemos que durante el año en que se estrenó Mi querida señorita quedó por fin igualada legalmente la mayoría de edad de las mujeres con respecto a la de los varones: de los 25 a los 21 años. Ahora tenemos ocasión de verificar la vigencia o no de aquellas propuestas, entonces ambiciosas y arriesgadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2003