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AMENAZA DE GUERRA

Rato tuvo que rectificar tras acusar a Maragall de "dar cobertura" a los que apoyan el terrorismo

Los socialistas pararon el pleno y el vicepresidente consultó con el ministro de Justicia

El vicepresidente Rodrigo Rato se vio obligado a rectificar ayer, durante la sesión de control del Gobierno, la grave acusación que dirigió al candidato del PSC a la Generalitat de Cataluña, Pasqual Maragall, de quien dijo que "da cobertura a grupos relacionados con el terrorismo". La amenaza del Grupo Socialista de plantarse y abandonar en bloque el hemiciclo forzó a Rato a cambiar su expresión. El vicepresidente aludía con su acusación a unas declaraciones de Maragall en las que éste daba crédito a las denuncias de torturas formuladas por el director del clausurado diario Egunkaria, Martxelo Otamendi.

El incidente se inició cuando la diputada Maite Costa afeó, en una pregunta dirigida a Rato sobre las relaciones económicas con Irak, que Maragall preocupara tanto al PP, dadas las muchas referencias que se habían producido durante el pleno sobre del candidato socialista a la Generalitat. El presidente del Gobierno, José María Aznar, había emplazado al líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, a desautorizar a Maragall por haber dado crédito a las denuncias de supuestas torturas vertidas por Otamendi contra la Guardia Civil. Y el propio Rato también había aludido críticamente al asunto en una intervención previa.

Rato respondió a Costa que el PP tenía intención de seguir atacando a Maragall. "Por mucho que les moleste, mientras Maragall actúe dando cobertura a grupos que pueden tener conexiones con grupos terroristas, lo vamos a hacer". El escándalo que se armó en el Grupo Socialista fue de órdago. Costa, a la que correspondía una segunda pregunta, se negó, en protesta, a formularla, mientras la presidente de la Cámara, Luisa Fernanda Rudi, le pedía reiteradamente que lo hiciera.

Rudi pidió, entonces, a Rato que tomara la iniciativa, pero el vicepresidente respondió que no veía "razón para rectificar". "Todos hemos leído las declaraciones [de Maragall] y no tengo nada que rectificar", insistió mientras las protestas arreciaban. Tomó entonces la palabra el portavoz socialista, Jesús Caldera, quien acusó a Rato de cometer un "gravísimo delito" y le advirtió de que o rectificaba o tendría que ir al juzgado

.Por segunda vez, Rato se negó a rectificar. Dijo, a modo de explicación, que sus palabras se limitaban a su "sentido político", pues "Maragall se hizo eco de una de las denuncias habituales en el entorno de la banda terrorista [ETA]". Sus explicaciones empezaron a originar un motín en las filas socialistas. Numerosos diputados se levantaron del escaño con la intención de abandonar el hemiciclo, mientras arreciaban los insultos contra Rato, como "delincuente".

La sesión se interrumpió. Zapatero se dirigió a Rato y le pidió que no siguiera hablando mientras pedía calma a los suyos. Rato consultó con el ministro de Justicia, José María Michavila, para salir del atolladero. Volvió a tomar la palabra y rectificó: "No era mi intención, pero si los diputados socialistas se sienten injuriados, sustituyan la palabra 'dar cobertura' por 'dar crédito' a afirmaciones de presuntos delincuentes. No voy a hacer un incidente de algo que es un debate político y no tengo ningún interés en que se sientan ofendidos".

Se dirigió con su mirada a Zapatero y a Caldera, que asintieron y dieron por válida la rectificación. Los socialistas volvieron a sus escaños. Zapatero comentó posteriormente que aceptaba la rectificación de Rato mientras éste insistía en que "dar crédito y dar cobertura es lo mismo", pero que no tenía problema en cambiarlo.

Horas antes, Maragall había dicho en Bruselas: "Lo que más quiero es tener que rectificar. Lo deseo, pero primero tienen que hablar los jueces. Hasta entonces no diré nada más".

El de Rato no fue el único incidente de la jornada. Fue el final de un largo pleno en el que la tensión creció con las horas. Momentos antes, el vicepresidente primero, Mariano Rajoy, y el responsable socialista de Exteriores, Manuel Marín, tuvieron otro duro enfrentamiento. Marín acusó a Rajoy de "revientaplenos" y "buscalíos" por utilizar como "argumento parlamentario" un "asunto privado". Marín aludía a cómo Rajoy le había dicho en el pleno de la víspera que le quería regalar un libro, Historia de un alemán", con una dedicatoria a la que añadía: "Y que Caldera no intervenga en según qué temas", en alusión al enfrentamiento que Rajoy tuvo con Caldera en un debate sobre el Prestige en diciembre. Tras recordar veladamente este asunto, Marín sugirió a Rajoy secamente que no le mandase el libro porque lo iba a rechazar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de marzo de 2003