Análisis:Análisis
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Automatismos

Ni en Estados Unidos se los creen. Unos días antes de la entrega de los Grammy, Billboard confirmaba lo que era evidente para cualquier observador: según una encuesta de la principal revista de la industria discográfica, el 75 % de los estadounidenses no pensaba que los candidatos a esos premios representaran la mejor música que se hace ahora mismo. Son los votantes más conservadores de la Academia de Ciencias y Artes de la Grabación los que marcan las pautas en las nominaciones. Luego se cuentan los votos y llega la pedrea derivada de la multiplicación de categorías -104- que tratan de contentar al mayor número posible de partes interesadas. Así, se recurre a la táctica de subdividir algunos géneros entre "contemporáneo" y "tradicional"; en el caso del "R&B", añaden un tercer nicho, "urbano". ¿Confuso? Ni ellos mismos, los votantes, lo tienen muy claro: India Arie gana en "mejor álbum de R&B", pero también en "mejor interpretación urbana / alternativa".

Con semejante división, las paradojas están garantizadas. Esta edición de los Grammy aporta al anecdotario divertidos disparates: un grupo que hace canciones tan perversamente deliciosas como Flaming Lips gana por un tema instrumental, por no hablar de la caracterización de A rush of blood to the head, de los supervendedores Coldplay, como "música alternativa."

La parte más visible de los premios confirma la sensación de que se han impuesto las reacciones automáticas. The rising es un disco plomizo de Springsteen, pero se le pone la medalla por enfrentarse al trauma del 11-S, aunque allí no aparezcan grandes revelaciones. Norah Jones es una artista perfecta para los Grammy, donde se recompensan las baladas, se ensalza el buen gusto, se aplaude lo popular. Sólo la inmersión en la zona oscura del listado de premios proporciona algunas alegrías a los melómanos. Por ejemplo, los dos trofeos que se ha llevado Screamin' and hollerin' the blues, una exploración exhaustiva del legado de Charley Patton. O el reconocimiento a Lee Scratch Perry en la categoría de reggae. El contrabajista Dave Holland ve recompensado What goes around. Por una vez, el disco premiado como "mejor álbum de world music" hace honor a esa etiqueta: es Mundo, de Rubén Blades. En los premios latinos, sigue triunfando inevitablemente Celia Cruz, pero también se puede hallar un disco concebido en España: como "mejor álbum latino/tropical" está El arte del sabor, la reunión de Bebo Valdés con Cachao y Patato que auspició Fernando Trueba.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 24 de febrero de 2003.

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