Cartas al director
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A vueltas con el cine

Me sigue llamando la atención la obsesión de unos y otros a reducir la elección de la película candidata a los oscars por parte de la Academia de Cine de España a una carrera entre Los lunes al sol y Hable con ella.

Me llama todavía más la atención que en su artículo de opinión del día 19 de febrero, mi admirado Antonio Elorza venga a decir que la Academia americana no ha escogido Los lunes al sol por razones políticas, mezclando la opinión del presidente de Estados Unidos con el criterio, normalmente muy liberal, de los miembros de la Academia de Estados Unidos y concluyendo que el cine de Almodóvar gusta en esos pagos por ser "blando". La Academia de Cine española, en votación libre y democrática, escogió Los lunes al sol porque le pareció la mejor candidata para los oscars. Al hacerlo, dejó de elegir, entre otras muchas, Historia de un beso, de Garci, ya ganador de un galardon; El embrujo de Shanghai, de Fernando Trueba, también ganador de un oscar; Salomé, de Carlos Saura, cinco veces nominado a los oscars y reciente ganador de un gran premio en el Festival de Montreal, amén de películas tan magníficas como En la ciudad sin límites, de Antonio Hernández, y otros filmes de directores premiados y renombrados del cine español. Reducir el discurso de la famosa selección a una carrera entre dos es hacerle un muy flaco favor al cine español y un planteamiento reduccionista que empieza a resultar francamente molesto para los que intentamos seguir haciendo películas de calidad en España.

Para todo aquel que viaje un poco y conozca esta industria, es evidente que Hable con ella está despertando entusiasmos en todo el mundo (no sólo en EE UU), y que Almodóvar es un director reverenciado. Muchos nos sentimos muy orgullosos de lo que eso significa y valoramos enormemente lo que implica de divulgación del cine español. Es evidente que tenía muchas opciones de ser nominado como mejor película extranjera en los oscars, al igual que -felicidades, Pedro- lo ha sido por dirección y guión. Pero la Academia de Cine de España, de manera plural y democrática, escogió Los lunes al sol. Así fue. Y eso no es ni un insulto para Almodóvar (porque entonces tendría que ser un insulto para Garci, Saura, Trueba, Hernández, etc.) ni un demérito de la Academia, sino el ejercicio democrático por parte de un colectivo para seleccionar una película para un premio extranjero. Todo lo demás sobra.

Es una desgracia que el colonialismo cultural y mediático que

sufrimos, convierta esta selección para un premio extranjero, como es el premio de la Academia de Hollywood, en algo tan importante como para merecer la atención de todo un catedrático de pensamiento político. Ojalá la entrega de los Goya y la presencia de títulos de contenidos sociales tan dispares como Al otro lado de la cama o En la ciudad sin límites, por citar a las otras dos candidatas a mejor película, hubiera sido merecedor de similar interés y parejas reflexiones. Los oscars han sido tradicionalmente injustos y erráticos en su elección de mejor película extranjera, con olvidos clamorosos y premios incomprensibles en la mayoría de los casos.

Decir que la Academia de Cine de España se equivocó porque no se ha seleccionado Los lunes al sol sería olvidar que películas tan admirables como Kamchatka, Ciudad de Dios, Ocho mujeres y otras muchas de muchos países tampoco han sido elegidas. ¡Por favor, un respeto! Construir un argumento político-crítico alrededor del cine de Pedro para cuestionar su nominación y explicar la no nominación de Los lunes al sol no me parece ni justo ni correcto. Se le puede buscar cosquillas políticas a todo, pero no sé muy bien qué lectura política se podría hacer entonces, ni en qué lugar quedarían los académicos de Hollywood, de la selección, el año pasado, de Elling, una cinta sobre dos discapacitados mentales que aprenden a vivir en sociedad (¿sería también un guiño de la Academia de Hollywood a los hermanos Bush?), ni de la victoria de No man's Land, un alegato contra el absurdo de la guerra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de febrero de 2003.

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