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El Deportivo no dramatiza su trayectoria en la Liga de Campeones

Es el único equipo español que aún aspira al título en las tres competiciones, pero puede que por muy poco tiempo. La derrota del miércoles en Basilea ha puesto al Deportivo ante la necesidad de una grandiosa hazaña para continuar en la Liga de Campeones. Sólo la victoria en los tres partidos que le restan -frente a los suizos y al Manchester en Riazor, y contra el Juventus en Turín- permitiría al conjunto de Javier Irureta el pase a los cuartos de final. No será la única remontada que deberá intentar en las tres próximas semanas. En 12 días también visitará Mallorca para disputar el choque de vuelta de las semifinales de la Copa del Rey tras haber perdido en la ida (2-3). Y pese a todo, Irureta sostiene que "no hay que desistir".

Corren tiempos de tribulación en el Deportivo, a punto de perder media temporada, con un juego en decadencia y cierto ambiente de fin de etapa ante las especulaciones sobre la posible marcha de Irureta cuando finalice la campaña. Ante las críticas de algunos jugadores y la hostilidad de una parte del público, el propio entrenador ha empezado a dar muestras de que su largo ciclo en A Coruña -cinco temporadas- podría concluir en junio.

Pero aunque la derrota de Basilea es como sal sobre las heridas abiertas, los deportivistas regresaron ayer de Suiza con una imagen de cierta naturalidad ante la derrota y rehuyendo cualquier clase de dramatismo. "Se está hablando de que ya estamos fuera, pero yo no lo veo así", declaró Donato. "De momento, tenemos que ganar el martes contra el Basilea, porque si no, estaríamos perdidos". Irureta intentó infundir cierto optimismo agarrándose a lo más positivo: "De los tres partidos que nos restan, dos son en casa. Las esperanzas están abiertas".

Es muy probable que el fracaso en Suiza precipite la vuelta al equipo de Valerón, el jugador más añorado, que lleva cuatro meses sin jugar un partido completo al encadenar dos lesiones consecutivas. Irureta se lo llevó a Basilea, pero lo dejó en el banquillo. "Ni la temperatura ni el terreno de juego eran los más adecuados para él", adujo el entrenador.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de febrero de 2003