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Una antológica muestra en Sevilla la pasión por la luz de Florencio Aguilera, pintor del Guadiana

La última vez que Florencio Aguilera (Ayamonte, 1947) expuso en Sevilla fue en 1987. Ahora vuelve a la capital andaluza con una gran muestra antológica de 170 obras que recorren toda su trayectoria desde 1961, fecha en que firma su primer cuadro, un bodegón, hasta 2002. La exposición, patrocinada por Caja Madrid, puede verse en la sala Santa Inés hasta el 18 de marzo.

La obra de Aguilera se ha mostrado en estos años tanto en galerías españolas como en espacios o certámenes internacionales como la feria internacional Art Miami 92, la Chicago Internacional Art Exposition 1994, el Centro Cultural Recoletas de Buenos Aires o el Museo de Aguas de Lisboa, entre otros.

Según Enrique Valdivieso, comisario de la muestra, la pintura de Aguilera es de una "rigurosa modernidad". "Para ser moderno no hay que pintar a la manera de Nueva York. Aguilera lo es desde Ayamonte, retratando sus paisajes, sus gentes, sus ríos, y sus campos con viñedos y ganados", señaló ayer el comisario, que resaltó la formación autodidacta del artista ayamontino y su lenguaje "universal": "Es un artista por instinto, con un sentido de la inmediatez en la captación del instante y una afortunada sensación de algo no concluido que emana de sus cuadros".

La exposición se ha dividido según las diferentes etapas creativas: Los inicios y las primeras metas recoge su producción de los años sesenta y setenta, caracterizada por los grandes formatos, los paisajes campestres de Ayamonte y los colores puros. La década de los ochenta muestra la evolución del artista hacia una estética mediterránea con resoluciones abstractas que busca la belleza desnuda del paisaje a través de su pasión por la luz: las playas de Ayamonte y del Algarve portugués, Isla Canela, Punta del Moral...

En La década de los noventa, Aguilera redobla su pasión por la naturaleza y fija su atención especialmente en el río: el Guadiana, siempre presente en su obra. El empleo de la línea y el entramado geométrico le permiten transformar el espacio.

En esta época los detalles del río son abstracciones realizadas en manchas de color. También hace recreaciones de playas sureñas e interiores en azules y amarillos.

Su obra más reciente no se distancia temáticamente de la anterior, pero sí evoluciona su estética personal de los paisajes y pueblos que salpican el curso del Guadiana. La descomposición de la luz y el color se refleja en lienzos como La desembocadura, La tarde sobre el mar o Los sonidos del mar.

Con influencia de los pintores impresionistas franceses, pero también de los expresionistas alemanes y los impresionistas americanos, Florencio Aguilera considera el trabajo diario "lo más importante de la vida". "Me emociona más un lienzo en blanco que un cuadro terminado", dijo ayer en la inauguración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de febrero de 2003