Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OPINIÓN DEL LECTOR

Marea negra en la Federación de Rugby

Hace aproximadamente siete semanas, la Federación Española de Rugby (FER) suspendió las licencias de nuestros hijos debido a las discrepancias económicas entre el club San Jerónimo (club de origen) y el club Montes Ciencias (club de destino) de Sevilla. Algunos son internacionales y llevan 10 años practicando el deporte del rugby de forma desinteresada (no perciben retribución alguna dada su condición de amateur), impulsado y promocionando el deporte del rugby por todo el mundo y cosechando numerosos triunfos para el deporte de nuestro país. Son jóvenes que apenas tienen los 20 años de edad y con un futuro incierto y preocupante, pues pertenecen a un barrio conflictivo de Sevilla, donde la droga, el paro y la delincuencia están presentes de forma alarmante. Si se les cierra esa puerta, las consecuencias pueden ser irreparables.

Hace cinco semanas presentaron un escrito ante la FER sin obtener ninguna respuesta. Sólo quieren practicar el deporte que más les gusta, sin obstáculos y renunciando, si es preciso, a cualquier compensación económica que pudiera corresponderles por los gastos derivados de su práctica deportiva. No les importa el dinero y creemos que este hecho debe servir de ejemplo para muchos clubes y órganos federativos, porque lo que realmente hace grande un deporte son las personas que forman parte de él y, por encima de todo, ese debe ser el punto de partida a la hora de tomar cualquier decisión por parte de los clubes y de los órganos federativos.

Las normas y los órganos encargados de su cumplimiento sirven para salvaguardar los derechos de todos y no de unos cuantos. ¿Quién vela por el derecho de nuestros hijos a participar libre y eficazmente en el desarrollo social y cultural? ¿Acaso los clubes que discrepan están respetando el espíritu del juego que debe presidir el deporte del rugby? ¿Qué espíritu demuestra tener el club de San Jerónimo al reclamar hasta el último céntimo cuando lo que correspondería hacer, por el bien de este deporte, es renunciar a la existencia de indemnización por el solo hecho de contribuir al desarrollo de los jugadores que tantos triunfos, prestigio y premios les ha reportado durante una década de sus vidas?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de diciembre de 2002