Columna
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Un actor

Preferiría escribir de Luis Ciges, genio en estado de permanente locura, o loco en estado de permanente genialidad; me encantaría hacer de este articulillo un canto a ese actor que siempre andaba como "secundario" imprescindible en cualquier película que se preciara de querer ir más allá de lo convencional, de Plácido a P. Tinto, pasando por Amanece, que no es poco o, mire usted por dónde La Escopeta nacional.

Luis Ciges tenía 81 años y conservaba intacto su gramo de locura genial y su brillante y delirante sentido del humor.Blindaje contra la tristeza que produce siempre la clarividencia de la realidad. Gente así no debería morirse nunca porque, cuando la vida se pone surrealista, son como tablas de salvación en el mar que nos lleva a ninguna parte.

Quizá me ha dolido más la muerte de Luis Ciges, uno de mis personajes favoritos, más allá de unos de mis actores favoritos, porque se ha ido cuando más se parece la vida nacional al despropósito sobre el que dejó hechas algunas risas y que hubiéramos jurado que habíamos dejado atrás para siempre. Pero no. Ahí está, por ejemplo, la desgracia del Prestige y las maneras de un Gobierno que está dispuesto incluso a morir en el intento con tal de no aceptar que ha hecho las cosas como quien no sabe, simplemente. Ahí están las cacerías. Y por mirar cerca, aquí está el cura Castillejo desobedeciendo a su obispo y, no sólo eso, sino consiguiendo que un partido como el PP, siempre tan dispuesto a favorecer a la Iglesia en reformas educativas y otras oportunidades, se manifieste contra ese obispo. El PP contra un obispo. Cosa curiosa. Ayer decía la portavoz del PP en la Diputación de Córdoba, María Jesús Botella, que la única forma que tiene Cajasur de mantener su autonomía es acogiéndose a la Ley Financiera, autonomía con respecto a la Junta de Andalucía, porque no está en esa ley escrito que Cajasur sea también autónoma con respecto al Gobierno central, sino todo lo contrario, a no ser que haya sido un lapsus y a Botella se le haya escapado sin querer la verdad del asunto, es decir, que el Gobierno le ha abierto la puerta a Cajasur para que salga por ella mandando en sí mismo, sobre sí misma y desde ella misma sobre todo lo que haya que mandar, como hasta ahora, pero ahora protegida por una ley hecha a medida. Este asunto también podría merecer una buena película berlanguiana.

Luis Ciges, que era un maestro del humor que entregó su alma de "pirado" genial a algunos de los más delirantes personajes de la historia del cine español, sacaba del fondo de su distancia la seriedad precisa para reirse del despropósito nacional. Ha muerto cuando más lo necesitábamos, menos mal que nos sigue quedando Berlanga...

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 11 de diciembre de 2002.

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