OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Agradecimiento

El 14 de noviembre, hacia la una y media de la tarde, subimos dos señoras a un taxi en la concurrida avenida del Doctor Esquerdo, justo en la parada del ambulatorio Hermanos García Noblejas. Nos llevó hasta la residencia de Condes del Val, entrando por la calle Padre Damián, junto a la parroquia de San Jorge y Viveros Casla. Al pagar el servicio no me percaté de que se me había deslizado el bolso del hombro. Cuando subimos caí en la cuenta de que no lo llevaba.

El sábado 16 se presentó en la residencia el conductor del coche con el bolso. Llevaba una lupa, un teléfono móvil, unas llaves y tres rosarios (uno de ellos de plata). Yo estaba en casa, pero no me localizaron.

Estoy profundamente agradecida al conductor que me devolvió lo perdido y a los viajeros que subieron al vehículo y entregaron al taxista lo que hallaron en el suelo. Quiero que se sepa la labor de muchos taxistas y usuarios desconocidos que cumplen con su deber de forma magistral sin esperar nada a cambio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 28 de noviembre de 2002.

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