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Reportaje:FIN DE SEMANA

La costa de la luz y de la fresa

Arenales salvajes y lagunas entre Punta Umbría y Ayamonte

El entorno de Lepe se ha convertido en un gran fresal. Muy cerca, en el litoral, las suaves dunas de El Portil o la lengua de arena de El Rompido resisten el empuje de la fiebre constructora. El entorno de Lepe se ha convertido en un gran fresal. Muy cerca, en el litoral, las suaves dunas de El Portil o la lengua de arena de El Rompido resisten el empuje de la fiebre constructora.

En la orilla de Huelva, grato destino para el turismo familiar, sigue siendo de lujo la materia prima: el paisaje litoral. Pinares espesos entre las dunas, arenales salvajes, enebros y sabinas raros que parecen haberse equivocado de playa, marismas oscuras y mareales, lagunas y humedales henchidos de aves alborotadas. Media docena de parajes protegidos en un puñado de kilómetros.

Y luego está la luz, esa luz distinta, poliédrica y perlada que sirvió de eslogan para dar nombre y carácter a esta costa. Pues la vieja Costa de la Luz tendrá que cambiar de nombre, ponerse al día. La explicación de lo que está pasando se encuentra en el interior, en los campos circundantes. Hasta hace poco, su cultivo era un quehacer casi residual de familias pescadoras. Hoy, en este litoral onubense la fresa mueve 420 millones de euros al año, bastante más que el turismo. En realidad, la fresa es (después de los cítricos y el melón) la fruta que más exporta España a la Unión Europea; las fresas de Huelva abastecen al 80% del mercado comunitario (y al 92% del nacional).

Así que pasear por estas playas sirve, como se ve, no sólo para broncearse, sino también para constatar el milagro español como quien observa un gráfico. Donde menos frenético ha sido el cambio es en los dos polos que delimitan esta costa y que han mantenido más su actividad pesquera: Punta Umbría y Ayamonte. Punta Umbría sigue amparando un puerto muy artesanal, en una ría henchida de colorido, y atrae a los foráneos muy honradamente con el aroma de guisos marineros poco frecuentes. Pero también crece. Tal vez en demasía. Las sabinas y enebros (raros por estas latitudes) que acompañan a los pinos empiezan a sentir el acoso y a veces algún tajo inevitable (para abrir carreteras, por ejemplo). Ayamonte, por su parte, tampoco ha cambiado mucho, excepto tal vez que el nuevo puente fronterizo le ha regalado más sosiego. Es, en este litoral, la única población que puede brindar a los visitantes algo de patrimonio monumental, si descartamos el castillo de Cartaya.

La joya de El Rompido

Donde más han mudado las cosas es en el tramo que une a estas dos poblaciones. El Portil, cerca de Punta Umbría, sigue siendo el lugar más salvaje de esta costa. Arenales y dunas, con una discreta retaguardia de pinos y lentiscos, animan a nudistas. La laguna de El Portil, antes perdida, es ahora casi un estanque urbano. Y en Nuevo Portil, ya se sabe: ni un apartamento que no lleve etiqueta de lujo. Enseguida comienza El Rompido, una de las joyas geomorfológicas de la Península, con una lengua o flecha de arena que crece hasta 40 metros cada año, entre los últimos alientos del río Piedras y marismas mareales. Hace nada, aquélla era una de las estampas más brillantes y evocadoras, con la barra de arena haciendo eco a los pinares. La fiebre constructora ha destripado el bucolismo, aunque sea con los papeles en regla; donde antes había soledad están las máquinas amarillas que construyen la nueva Marina.

La Antilla es la playa de Lepe, con eso está dicho todo. Donde hay dinero, se nota. Islantilla, que es más nueva, es también más ostentosa, claro. Y antes de entrar en Isla Cristina, la playa del Hoyo es uno de los más populosos merenderos forestales, un guiño nostálgico de nuevo al neorrealismo cañí. Isla Cristina tiene entidad propia, puerto pesquero propio y un núcleo antiguo que ahora resulta impropio, es decir, feúcho y pobretón. Se desquita con lo último, con el puerto deportivo, los cuatro y cinco estrellas, las consabidas urbanizaciones de calidad. Y además posee uno de los rincones protegidos más amigables, unas marismas amasadas de arenales, caños, brazos, salinas, pinos, sabinas, almajos. Y una luz perlada que es la de siempre. Todavía está por resolver si es ésta la costa de la luz o la costa de la fresa.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir

- Confortel Islantilla (959 48 60 17). A seis kilómetros de Lepe en dirección a Isla Cristina. Resort con jardines a pie de playa. La doble, 66 euros.

- Parador de Ayamonte (959 32 07 00). Buena ubicación: en las afueras de Ayamonte, frente a la desembocadura del Guadiana y a la orilla de Portugal. La doble, 85,72.

- Isla Cristina Palace (959 34 44 99). Avenida del Parque, s/n. Isla Cristina. Cinco estrellas. Cerrado por obras hasta finales de enero. Oferta en febrero: la doble, 130 euros.

Comer

- El Paraíso (959 31 27 56). Carretera de Huelva a El Portil, kilómetro 11,5. Pescados en fritura, al horno y a la sal, entre otros. Alrededor de 30 euros.

- Casa Luciano (959 47 10 71). La Palma, 2. Ayamonte. Familiar y popular, especializado en guisos marineros. Unos 24 euros.

Información

- Oficina de Turismo de Isla Cristina (959 33 26 94).

- www.ayamonte.net.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de noviembre de 2002

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