Crítica:ENSAYOCrítica
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Un fecundo malentendido

Los occidentales hemos tendido a inventarnos China en sucesivas y contradictorias versiones. Voltaire creyó en China como el país donde gobernaban los filósofos. Ezra Pound vio en la escritura china el paraíso de la poesía: una escritura de imágenes en movimiento, de símbolos arcanos y vivos, donde las formas del lenguaje tendían a mimetizar los gestos de la naturaleza.

Ya lo dijo Georges Steiner: hay erratas felices y errores de traducción que abren horizontes insospechados. Así sucede en este breve ensayo sobre la escritura china del orientalista Ernest Fenollosa que Ezra Pound prologó, rescribió y asumió con fervor como propio: reposa sobre un malentendido, sobre un error de apreciación evidente para cualquier conocedor de la lengua y la escritura chinas; un error que sin embargo se acabó revelando fecundo para el desarrollo de la poesía occidental del siglo XX. En lo que Ezra Pound creyó ver en la escritura china y en su aplicación poética se basaba en parte el Imaginismo que reunió en 1914 en una misma antología de vértigo a James Joyce, William Carlos Williams, Amy Lowell, Richard Aldington y al mismo Pound. Y evidentemente en esta concepción reposaba también Cathay, publicado en 1915, el libro en el que Ezra Pound reinventó a su medida la poesía china y del que T. S. Eliot dijo que inauguraba la poesía moderna.

EL CARÁCTER

Ernest Fenollosa-Ezra Pound Introducción y traducción de Mariano Antolín Rato Visor. Madrid, 2002 75 páginas. 6,01 euros

La visión de la escritura chi-

na que ofrecen Fenollosa y Pound es muy sugerente pero básicamente inventada. Conciben los caracteres chinos como pictogramas y sus frases como "estenografías visuales", como "imágenes taquigráficas de las operaciones de la naturaleza". Detectan en la escritura china la pervivencia de un pensamiento simbólico, construido sobre los cimientos de la metáfora, donde todo está en movimiento, donde el ojo ve al nombre y al verbo como una sola cosa en movimiento. Todo ello es muy bello y congruente con la cosmovisión china tal y como más nos gusta verla. Incluso se puede decir que de una forma imprecisa y aproximativa amplifican los gestos de la escritura china que a nosotros los occidentales más nos llaman la atención. Athanasius Kircher imaginó en el siglo XVII la escritura china como un lenguaje universal. Ezra Pound encontró en el siglo XX en ella los universales de la poeticidad. Curiosamente al mismo tiempo que Pound buscaba en China y Japón nuevos registros poéticos, los jóvenes poetas chinos del movimiento de renovación literaria de 1919 que intentaban sacarse de encima la losa de una tradición milenaria y enquistada fueron justamente a Ezra Pound a buscar nuevos caminos de expresión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 22 de noviembre de 2002.

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