Crítica:FLAMENCOCrítica
i

Notas para la nostalgia

Las notas de un piano, el de Arturo Pavón, que tanta nostalgia trajo a nuestras mentes. Nostalgia de todo el flamenco que bullía en torno a Manolo Caracol en el último tramo de vida del genial cantaor, donde este piano era un elemento fundamental. Su nieta, e hija de Arturo, Salomé Pavón, era la protagonista esta noche de tantos años después. Es heredera de dos dinastías gloriosas del flamenco, las de los Pavón y los Caracol. Y cantó cosas de ambas familias, algunas tan emblemáticas como la toná, la debla, las siguiriyas... Puso voluntad, simpatía, y nervios también, pero obviamente creo que ni ella misma aspirará, por ahora, a ponerse a la altura de sus ancestros. Aquél era otro mundo, había unas vivencias, un sentimiento de lo jondo que llevaba a quienes tenían capacidad para ello a expresar el cante con una verdad y una grandeza que ahí han quedado, para la historia.

Salomé Pavón

Salomé Pavón con Con Arturo Pavón (piano) y Camarón de Pitita (guitarra). Teatro Arlequín. Madrid, 8 de noviembre.

No pretendo restarle méritos a Salomé Pavón, quien ya merece respeto por salir ante el público con el peso de esos apellidos. Tiene un eco grato, que cuando suelta la voz con fe alcanza interpretaciones solventes. Otras veces parece un tanto disminuida, quizá por falta de experiencia en los escenarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 09 de noviembre de 2002.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50