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Crónica:VUELTA 2002 | Decimoquinta etapa

El ángel del Angliru

Roberto Heras alcanza el liderato tras una extraordinaria ascensión al puerto más temido

Roberto Heras abre los ojos, redondos como platos, emocionados. Está en el paraíso, que en este caso, ayer, 19.00 horas, no es otra cosa que el interior del coche de su equipo, el asiento de copiloto, el director, Johan Bruyneel, a su izquierda, su mujer, Ana, en el asiento de atrás. El coche está aparcado en un barrizal, en medio de un charco, bajo un diluvio, en la cima del Angliru. Alguien le cuenta una historia, y Heras, el ser más feliz del mundo, asiente con la cabeza, sí, sí, así, así era. A Heras, un maillot dorado en el regazo, le están contando la historia de Charly Gaul, de la alianza del alado escalador luxemburgués con la lluvia un día alpino de julio de 1958, del día en que se subió a una nube, a su nube, y empezó a pedalear, ligero, suave como un soplo, por encima de los puertos más duros del Tour. La nube, su nube, enviaba un diluvio a la tierra, cuenta la leyenda, pero eso no lo sentía Gaul, que ni se empapaba ni notaba el agua, él estaba en su nube, era un ángel, el ángel de la lluvia. Y Heras lo oye y sigue diciendo que sí con los ojos iluminados, y dice: 'así me he sentido yo'. Así fue. Sí. Heras en su nube, el diluvio en la tierra y él volando sobre el Angliru, el ángel del Angliru. No existe el 23,6% de la Cueña les Cabres, ni la curva del Aviru, ni Cobayos, ni les Cabanes ni les Picones. La carretera no sube ni serpentea, ni se empina ni crece. La carretera, la más temida del ciclismo mundial, es una alfombra suave que se extiende, plana, por delante del paso de Heras. 'Es que he elegido bien el desarrollo', dice, el escalador salmantino, el buen paño de Béjar. 'He dudado entre el 23 y el 25 y me he decidido por el 25, más ligero, que me ha permitido subir siempre sentado: con el agua que había no podías ponerte de pie sobre la bici. Te patinaba la rueda de detrás'.

Vuelta 2002| 15

Gijón-Alto de L'Angliru, 176,7 kms. ETAPA 1. Roberto Heras (US Postal) 5h 1m 2s. 2. Joseba Beloki (ONCE) a 1m. 35s. 3. Franceso Casagrande (Fasso) a 1m 41s. 4. Iban Mayo (Euskaltel) a 1m 54s. GENERAL 1. Roberto Heras (US Postal) 55h 14m 8s. 2. Aitor González (Kelme) a 35s. 3. Óscar Sevilla (Kelme) a 1m 8s. 4. Joseba Beloki (ONCE) a 1m 57s. HOY Jornada de descanso ETAPA DE MAÑANA Avilés-León, 154,7 kms.

Pero también los demás eligieron desarrollos ligeros, de niños, de menos de tres metros por pedalada. Pero no era lo mismo. Los demás eran humanos. Los demás eran ciclistas, lo que es mucho, hombres capaces de esfuerzos sobrehumanos, capaces de sumergirse en la niebla del Angliru, de arrastrar su bicicleta, retorcerse, doblarse, ir de un lado a otro de la carretera, clavarse, arrancar de nuevo entre las vallas, de soportar el acre olor del embrague quemado de los coches que les seguían; capaces de aguantar la lluvia helada con manga corta, de cruzar la meta temblando, tiritando de frío, incapaces de hablar, y, cinco minutos después, salir de una empapada y fría carpa como si tal cosa, beberse un caldo o una tisana calentita, sonreír y decir algo así como que se habían divertido subiendo, y que, como decía Flecha, se subía mejor sin empujones del público, o, como Casagrande, el italiano que pedalea como un playmobil y que fue tercero en la etapa, que tampoco era para tanto, que el Angliru era duro, pero corto.

Hombres dominados por las pasiones. Por el orgullo, como David Millar, el inglés soberbio, que se cayó dos veces, quedó tullido, volvió a subirse dos veces a la bicicleta, ascendió el doloroso Angliru, llegó a un metro de la meta, se bajó de la bicicleta, y pasó la meta por fuera, entregó su dorsal y se retiró, digno y enojado. Por la debilidad, como Víctor Hugo Peña, el colombiano eliminado por subir agarrado al coche de su equipo. Dominados por la codicia también. Como Aitor González.

Vicente Belda, el director del Kelme, el director de Aitor González y Óscar Sevilla, los dos líderes hasta el sábado, golpeaba el volante y repetía: '¿A quién quería eliminar Aitor? ¿A quién quería eliminar Aitor para atacar así, a siete kilómetros, cuando empezaba lo más duro, él que no es escalador y que tenía órdenes de subir a rueda de los escaladores? Si quería eliminar a Sevilla no habría tenido necesidad de atacar: Sevilla se habría quedado solo'. Pero después de que el Kelme trabajara toda la etapa como si fuera el US Postal del Armstrong del Tour, después de que Tauler, el superdotado, volviera a dejar alucinada a la peña, un día más, trajinando a su ritmo infatigable. Marabio, Tenebredo, Cordal, valle arriba, valle abajo, llegó Aitor, que no es Armstrong, y aceleró. 'Aitor me ha eliminado', se quejó Sevilla, pesado, musculoso, atrancado en lo más duro. Aitor aceleró y se llevó consigo a Heras, ágil, y a Beloki, que había decidido aislarse del mundo, subir sintiendo sólo su pulso. Se quedó cortado Sevilla. Y Aitor subió fuerte, y se creyó Armstrong, lo pareció. Potencia pura desafiando las leyes de la física, vatios partidos por kilos, la gravedad y todo lo que los sabios saben y experimentan. Hasta que Heras, en su nube, ligero, suave, aceleró un poco y Aitor empezó a quedarse. Le superaron luego Beloki, Casagrande, Mayo, le alcanzó Di Luca. Pero no se hundió. Perdió el casi liderato (estaba a 1s de Sevilla) pero sólo por 35s.

Se anuncia tormenta en casa Kelme. Algunos se frotan las manos. Mejor un enemigo dividido, dicen. Pero también se oyó una voz. Dijo un director, que no se quiso identificar: 'Mal haría Belda cargando contra Aitor, que es quien le puede ganar la Vuelta, que no olvide eso'. Eso, si en la Covatilla, por encima de su Béjar, Heras no vuelve a ser un ángel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de septiembre de 2002