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Tropas fieles al Gobierno de Costa de Marfil luchan para reducir a los rebeldes

"Costa de Marfil está siendo atacada", afirmó el presidente marfileño, Laurent Gbagbo, que regresó ayer a su país, víctima de un golpe de Estado, dando a entender una posible implicación extranjera en esta intentona, según afirmó en la televisión nacional. Mientras, los militares rebeldes que el jueves se sublevaron en protesta por los planes del Gobierno de desmovilizar a cientos de miembros de las fuerzas armadas y que causaron la muerte de un centenar de personas, entre ellos el ministro de Interior y el general golpista, Robert Guei, acusado de estar detrás de la revuelta, continuaban ayer amotinados en dos de las principales ciudades del país.

Las fuerzas leales al Gobierno se preparaban ayer para retomar Bouaké (la segunda ciudad más grande, en el centro del país), mientras que los soldados rebeldes -incorporados al Ejército tras el golpe de Estado que mantuvo en el poder al general Guei entre 1999 y 2000- aseguraron que habían tomado Korhogo (al norte del país). "Nos preparamos para tomar Bouaké", declaró el ministro de Defensa marfileño, Moïse Lida Kouassi. "Bouaké será limpiada antes de la caída de la noche. No podemos negociar con los amotinados mientras estén armados", agregó. Los rebeldes aseguraron por su parte que se habían hecho fuertes en Korhogo. "Tenemos Korhogo. Hemos tomado la ciudad", aseguró Prosper Kouadio, uno de los líderes rebeldes.

Kouadio pidió una serie de condiciones para negociar, entre ellas "la readmisión de 775 miembros del Ejército [que debían ser desmovilizados en diciembre]" y la "liberación de los militares en prisión".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de septiembre de 2002