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Los 'ojos de gato' de Gran Vía pretenden evitar la invasión del carril-bus

El alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, puso en marcha ayer los 300 ojos de gato -luces intermitentes instaladas en el suelo- que pretenden impedir que los coches invadan los carriles-bus de la Gran Vía. Este mecanismo automático cubre los dos kilómetros en ambos sentidos del carril-bus de la Gran Vía, desde la plaza de España a la de Cibeles.

Según el alcalde, estos destellos luminosos que funcionan durante las 24 horas del día son el 'elemento estético y disuasorio más adecuado, aunque lo importante es que los ciudadanos se conciencien de respetarlo'. Actualmente, hay 20 kilómetros de carril-bus en la capital protegidos por este ingenio luminoso. Se extienden por la calle de Serrano, entre las calles de María de Molina y Alcalá; por el paseo del Prado, desde la plaza de Carlos V hasta Cibeles, y por la calle de Alcalá, en los dos sentidos entre la Puerta de Alcalá y Cibeles. Cada ojo de gato le cuesta al Ayuntamiento unas 15.000 pesetas.

El municipio, que celebra la Semana de la Movilidad, también instaló ayer las balizas abatibles del carril-bus de la calle de Bravo Murillo. Pero a pesar de los intentos del Gobierno municipal (PP) por proteger los carriles-bus, éstos están casi siempre invadidos por camiones de carga y descarga, por coches que lo utilizan para adelantar o simplemente para aparcar. Una prueba de ello es que el año pasado, los autobuses de la EMT registraron la velocidad más baja de los últimos 10 años: 14,22 kilómetros por hora, según PSOE e IU.

Los actos convocados hoy para la Semana de la Movilidad incluyen la instalación de semáforos con cronómetro, que funcionarán, de forma experimental, en determinados puntos de la capital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de septiembre de 2002