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COLUMNA

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El estrépito de las Torres Gemelas sepultó el miércoles otros muchos clamores, pero manda ovarios que haya tenido que ser un diputado llamado Luisa Fernanda quien ordenara desalojar a las revoltosas que abucheaban el resultado de una de las votaciones más tristes de nuestra insípida vida parlamentaria. A la calle con ellas, y así se simulaba salvaguardar la 'dignidad' de una Cámara que no ha sabido reconocer una 'cuestión de Estado' por encima de las banderías partidistas. Qué gran ocasión perdida para aparcar el rodillo inmisericorde de la mayoría absoluta. O para sacarlo a pasear garboso (estos son mis poderes), pero ante los agresores, advirtiéndoles de que los adversarios también saben hacer piña contra la barbarie.

En este triste episodio del rechazo de la Ley integral contra la violencia de género sólo por haber sido presentada por el PSOE, volvemos a topar con la ausencia, entre las populares, de esas 'mujeres de poder deudoras por su poder, endeudadas con sus semejantes por vínculos no sólo éticos, sino concretos, de intereses inmediatos', según las define Alessandra Bochetti.

Desgraciadamente, más de una vez el voto de las parlamentarias (también en la izquierda) no ha respondido a su razón ni a su corazón. Paciencia, moderación, se les ha pedido, y han ofrendado, en asuntos delicados como el divorcio, el aborto...Aún así, a más de una le ha costado la carrera política. Pero ahora el PP se ha pasado dos pueblos, con la última víctima aún en la morgue. Uno de ellos fue vaciar el banco azul mientras el ministro Zaplana besaba la mano de doña Esperanza y se atusaba un paquete de medidas sin dotación presupuestaria, especialidad de la casa. Otro, que luego sentenciara que no hay que hacer debate político sobre este asunto, tan dramático. Pero cómo que no. ¿No vale, entonces, la política, para defender los derechos humanos?. Ni siquiera hablamos de feminismo ( teoría filosófica, movimiento social, programa político), que podría espantar a sus señorías como ideología revolucionaria. Pues para ideologías, ya van sobrados con la del alcalde franquista de Castellón Y la de quienes le justifican.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de septiembre de 2002