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Crítica:ALVIN AILEY AMERICAN DANCE THEATER | DANZA

Una apertura gloriosa

La danza en el Teatro Real no importa mucho; esto es una triste realidad. Al estreno de Alvin Ailey no se le concedió el rango de 'apertura de la temporada', que lo ha sido, y gracias a esta compañía, una verdadera apertura gloriosa; para los fastos debemos esperar a la llegada de la ópera y sus costosos títulos. El público, en su engolamiento habitual, estuvo bastante frío hasta el final, en que, arrastrado por la energía de esa danza tan terrenal como virtuosa, se dignó aplaudir con ganas. Hubo un breve bis.

A pesar de la extravagancia de hacer un programa de mano de tapas amarillas (junto al morado, los colores de la mala suerte en el mundo del baile), la función estuvo llena de brío, de recuerdos y de fuerza. Es la desbordada energía de estos dioses de la danza, con su sobrecogedora elocuencia corporal, su estilo complejo, que ha sido capaz de aunar los elementos virtuosísticos del buen ballet con las raíces multirraciales que van desde lo afroamericano al jazz y otros brotes urbanos.

Alvin Ailey American Dance Theater

Night creature (1974); Pas de Duke (1976); The river (1970); Revelations (1960). Música: Duke Ellington y tradicional. Directora artística: Judith Jamison. Con la Orquesta Sinfónica de Madrid. Dirección musical: Tania León. Teatro Real de Madrid, 10 de septiembre.

Alvin Ailey creó escuela; era un apasionado del ballet como tal, amaba el virtuosismo 'a la americana', y perteneció a una generación que lo cultivó. Al mismo tiempo, entendió que los problemas de identidad y los prejuicios seudoculturales estarían siempre presentes cuando un negro se pone unas mallas o una negra un tutú blanco. Y luchó por conseguir un ballet propio y liberado, que fuera aceptado por encima de todo por su calidad. El verdadero ballet negro americano. No fue el primero, pero sí su hombre de más talento, su estabilizador estético y su coreógrafo más brillante. Esta es la razón de que estabilizara un repertorio patrimonial que es la base de la compañía, su empuje.

Pas de Duke fue creado para Judith Jamison y Mijaíl Barishnikov. Era un juego entre dos divos, dos bailarines enormes. Es un paso a dos que encandila por sus dificultades; es parecido el caso de The river, cuyo primer cast fueron Natalkia Makarova y Erik Bruhn (el segundo era nada menos que Cynthia Gregory e Ivan Nagy), un ejercicio pleno de lirismo y donde el coreógrafo explota la idea del tránsito como sino vital. Revelations es un decálogo de formas y conclusiones coréuticas con su propia redención. Todas estas coreografías tienen más de 25 años y aquí están, vivas, dejando su fuego y su electricidad. Hay que decir que los bailarines son espléndidos, entregados y capaces de hacer ese baile protonorteamericano, directo y contagioso, gozoso de su propio vuelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de septiembre de 2002