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Crónica:

Movilla salva al Atlético

El Lanzarote se adelantó y luego se creció tras la lesión de Stankovic

Un zapatazo cruzado de Movilla a diez minutos del final desenredó un partido que se le había torcido severamente al Atlético. A los madrileños, que no hicieron concesiones ni en su alineación ni en la atención que le prestaron a la cita, les complicó la vida un penalti inesperado (m. 8) que les metió el susto en el cuerpo. Lo marcó Sergio y dejó al Atlético fuera de sí durante todo la primera mitad. Alcanzó el empate gracias a una mano absurda que sacó a volar Fali a la salida de un córner, pero insinuó problemas para clasificarse. García Calvo, intratable por atrás, le mantuvo a salvo de nuevo sustos, pero lo que el Atlético enseñaba unos metros por delante no daba tampoco para proporcionárselos al Lanzarote. Casi todas las jugadas se morían en Aguilera, que se empeñaba en colgar balones inofensivos nada más cruzar la mitad del campo. Sólo arañaba peligro por la otra banda, por donde Stankovic encaraba y descolgaba roscas venenosas. Pero el Atlético se resumía en mucha posesión y poco daño.

LANZAROTE, 1; ATLÉTICO, 2.

Lanzarote: Yubero; Pablo, Zipi, Sergio, Pedro Cruz; Vladimir, Fali, Sanatella, Nacho Franco (David Royo, min. 63) Maikel Padrón (Fran Rivera, m. 85) y Roberto Encina (Gustavo, m. 74). Atlético de Madrid: Burgos; Otero, Hibic, García Calvo, Sergi; Aguilera, Movilla, Emerson, Stankovic (Carreras, m. 52); Fernando Torres (Nagore, m. 85) y Javi Moreno (Correa, m. 60). Goles: 1-0. M. 8. Sergio, de penalti cometido por Otero sobre Pedro Cruz. 1-1. M. 28. Fernando Torres transforma un penalti por manos de Fali. 1-2. M. 83: Movilla lanza un tremendo derechazo desde más allá de la frontal. Árbitro: Medina Cantalejo. Unos 4.500 espectadores en la Ciudad Deportiva de Lanzarote. El Atlético pasa a la siguiente ronda, dieciseisavos, de la Copa del Rey de fútbol.

Fue otro Atlético el del arranque del segundo tiempo, más rápido y profundo en su juego, decidido a quitarse de encima los complejos de equipo al borde del precipicio. Acarició el gol, hasta que una inoportuna lesión de Stankovic le dejó otra vez en pañales. Salió Carreras -no conviene diseñar banquillos tan cargados de defensas y miedo- y, de pronto, el Atlético se apagó. El Lanzarote descubrió un agujero por donde meterse en el partido y, guiado por un espléndido Santaella, se la jugó. El Atlético empezó a sufrir. Pero Movilla lo rescató a tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de septiembre de 2002