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Crónica:Campeonato del Mundo | BALONCESTO
Crónica
Texto informativo con interpretación

Argentina destroza el mito de la NBA

Por primera vez en la historia, un equipo de EE UU formado por profesionales pierde un partido

Robert Álvarez

La selección de Argentina, en una noche memorable, con la determinación de los grandes y un juego esplendoroso, infligió su primera derrota a Estados Unidos desde 1992, el año del nacimiento del Dream Team, cuando el equipo nortemericano empezó a estar formado por jugadores de la NBA. Después de 58 triunfos consecutivos, de ganar tres Juegos Olímpicos y un Mundial, Estados Unidos fue a caer en casa, en Indianápolis. Y lo hizo ante el representante de un país donde el baloncesto es más bien poca cosa y en el que todos sus internacionales han tenido que emigrar para ganarse el jornal en Ligas más competitivas, dada la falta de estructura y la escasez de medios, agravados por la terrible crisis económica que azota al país.

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Cuando Scola, recién iniciado el partido, colocó un tapón monumental al hierático Jermaine O' Neal, y el pegajoso marcaje de Sconochini hizo salirse de sus casillas a Pierce, empezó a entreverse que algo grande estaba ocurriendo en el Conseco Fieldhouse, la encantadora sede de los Pacers de Indiana. Desde luego que la selección que dirige George Karl no es la mejor de las posibles. Faltan los auténticos números uno, Shaquille O'Neal, Bryant, McGrady, Duncan, Kidd y unos cuantos más, aunque no muchos más. Porque sin ser el mejor posible, el estadounidense sí es un excelente equipo. Existía el convencimiento general de que era lo bastante bueno como para no pasar apuros en este Mundial. Pero, a las primeras de cambio, China y Alemania ya le dieron dos toques de atención, aunque no resistieron el tirón de los locales en los tramos decisivos de sus partidos. Tal vez eso hizo que Estados Unidos confiara ayer más de la cuenta en su capacidad para revertir nuevamente su nefasto inicio.

Cuando los de la NBA intentaron recapacitar, los argentinos ya les sacaban una ventaja tremenda, que llegó a ser de 20 puntos, aunque menguó ligeramente al llegar al descanso (37-53). Eran muchos puntos, pero había algo más importante aún: la consistencia que demostraba Argentina, su agresividad en defensa, su acierto en ataque -nada menos que 34 puntos anotó en el primer cuarto- y su manera de dominar dentro de la zona, donde acabó sumando 46 puntos, 14 más que EE UU. Falló más de la cuenta en el tiro exterior -sólo un 21% de acierto en triples-, pero lo compensó sobradamente con su labor bajo los aros, donde evitó el muro estadounidense con irrupciones inesperadas de sus hombres exteriores.

Hubo algo más, algo con lo que tal vez tampoco contaban los estadounidenses, a pesar de que Argentina ya había dado varios avisos a lo largo del extraordinario campeonato que venía realizando. Y ese algo es que fue capaz de actuar con la intensidad y la variedad de recursos que antes distinguía precisamente a los estadounidenses. Por momentos el juego argentino tuvo muchos puntos de similitud con el del TAU, el campeón de la Liga ACB, en el que el año pasado actuaron cinco de los jugadores que ayer derrotaron a Estados Unidos: Oberto, Scola, Nocioni, Sconochini y Fernández.

Siempre mandó Argentina porque redujo a la nada los daños que pudieran hacerle los pívots estadounidenses y porque hizo insuficientes los que le infligió la batería de hombres exteriores, empezando por Pierce, pese a todo máximo anotador del partido con 22 puntos. Estados Unidos recortó diferencias en el tercer cuarto con un parcial de 23-15 pero así y todo entró en el último todavía con ocho puntos de desventaja (68-60). Los argentinos administraron el botín, aunque por momentos pareció que iban a ser devorados por la tensión del momento cuando perdieron cinco veces la posesión y Estados Unidos intentó el asalto final.

Ya era demasiado tarde para enjugar tanta diferencia (81-73 a minuto y medio para el final) con los plomos medio fundidos por el desgaste, con O' Neal eliminado y, a excepción de Baron Davis, reducidos a bien poquita cosa los jugadores de banquillo: sólo dos rebotes de Wallace, sólo cinco puntos de Miller y tres de Antonio Davis, por no hablar de la flojísima aportación del titular Brand: un rebote y cero puntos.

El deporte tiene sus mitos, y el de la NBA es uno de ellos. El baloncesto hasta ahora tenía dos mundos, el nortemericanoy, a distancia, a años luz hasta hace muy poco, el del resto. El maravilloso Dream Team de Barcelona 92 marcó por primera y única vez la distancia sideral que separaba a unos de otros. Las posteriores selecciones de la NBA fueron perdiendo progresivamente calidad e intimidación. De admirables, pasaron a intratables, después a invencibles y finalmente, en los dos últimos años, desde que Lituania estuvo a punto de dejar fuera de la final de los Juegos Olímpicos de Sydney al grupo encabezado por Kidd, Garnett y Mourning, se convirtieron en vulnerables.

Faltaba saber cuando, cómo y quién iba a ser capaz de derrotar a una selección de la NBA. Pues bien, fue un 4 de septiembre -sólo seis días antes de que se cumpla otro infeliz aniversario para los estadounidenses, los treinta años de su primera derrota en los Juegos Olímpicos en una polémica final ante la URSS-, en Indianápolis -lugar donde había perdido por última vez una selección estadounidense a domicilio, en los Juegos Panamericanos de 1987 ante Brasil- y la protagonista del éxito fue la increible selección de Argentina.

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Sobre la firma

Robert Álvarez
Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona, se incorporó a EL PAÍS en 1988. Anteriormente trabajó en La Hoja del Lunes, El Noticiero Universal y el diari Avui.

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