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CARTAS AL DIRECTOR

Celtiberia sin Carandell, 1

Últimamente lleva EL PAÍS, y sus lectores, una mala racha de irrecuperables pérdidas de periodistas y colaboradores, no hace mucho fue su estupendo crítico taurino Joaquín Vidal y ahora recibimos la triste noticia del fallecimiento de Luis Carandell; ambos pertenecían a una estirpe -me temo que en vías de extinción- de 'periodistas-escritores', pues practicaban un admirable uso de las palabras, con un dominio del castellano y un estilo vivo e ingenioso que convertía cada una de sus crónicas o columnas en un delicioso ejercicio literario. Concretamente Carandell era desde hace muchos años un 'santo de mi devoción' (y nunca mejor dicho, pues era un graciosísimo experto en santos y santorales de lo más variopintos...). Para los que entramos en la 'veintena' en la época de la transición supone toda una referencia de esa época, pues con sus crónicas sobre la incipiente actividad parlamentaria democrática nos fue introduciendo de una forma pedagógica y a la vez amena en unas instituciones que por aquel entonces eran prácticamente desconocidas para la gente de dicha edad, y siempre lo hizo desde una independencia que, creo yo, ha hecho que todo el mundo le respetara.

Aparte de esta faceta de su trabajo, me gustaban especialmente las crónicas y relatos sobre mi ciudad, Madrid, que a lo largo de muchos años hizo en prensa, radio...; él que era catalán, tenía un conocimiento envidiable sobre la historia, vida y milagros de Madrid, contando anécdotas, curiosidades e historias de la Villa y Corte que a mí, como madrileña de nacimiento, me resultaban siempre interesantes y pedagógicas. Por dicha labor le nombraron tan merecidamente ya hace tiempo hijo adoptivo de Madrid.

He oído en la SER un emocionadísimo recuerdo de uno de sus hermanos, sobre cómo hace tan sólo unos días, ya tan enfermo, se empeñó animosamente en enseñarles las tierras de La Mancha a una parte de sus hermanos. Todo el mundo le ha recordado en estas horas fundamentalmente como una persona cálida, llena de sentido del humor y, sobre todo, de bondad. Estas cualidades y el cariñoso recuerdo de sus lectores espero les haga un poquito menos dura su pérdida a su familia, a quien desde estas líneas les expreso mi sincero pesar y sentida admiración hacia el buen amigo Luis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de septiembre de 2002