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COLUMNA

Talento y esfuerzo

Dado que el partido de Angola no dio para mucho, conviene volver la vista hacia la magnífica victoria ante Yugoslavia, un triunfo que merece una revisión más reposada. En la aparición de esta generación comandada por Gasol, Navarro y el lesionado Raúl López, lo que más llamó la atención fueron sus cualidades digamos estéticas. Una concepción tan lúdica del juego, en el que siempre había sitio para el disfrute a través de la imaginación, unida a un descaro superlativo para saltarse por encima nombres, equipos y tradiciones, puso en guardia a toda la afición. Desde entonces hasta la victoria del viernes, hemos asistido a la confirmación de todo lo apuntado con el bronce del pasado Europeo y la explosión americana de Gasol como máximos exponentes. La clave para entender el porqué de este momento tan excitante es doble y complementaria, y pudo apreciarse en toda su magnitud ante Yugoslavia. Primero, que este equipo está formado en sus elementos más importantes por jugadores con un gran afán de superación personal. Gasol, Navarro, el increíble Garbajosa, Marco, Calderón, Felipe Reyes, son jugadores a los que año tras año vemos crecer. Unos a velocidad meteórica como Pau, otros a su ritmo, pero sin pausa. Esta inconformidad les ha llevado a la definitiva segunda clave, un terreno que en principio pasó desapercibido tapado por la frescura y creatividad de su juego de ataque: la defensa.

Y aquí aparece Imbroda. Para defender primero hay que querer y luego hay que saber. En dos años al frente de la selección, Imbroda y sus colaboradores han construido una máquina de precisión defensiva digna de la mejor de las alabanzas. Porque si bien en ataque el talento es determinante, en defensa la coordinación en el esfuerzo resulta básica. Y esto sólo se consigue con horas de trabajo y con un maestro capaz de hacer comprender los conceptos teóricos que te pueden llevar a exhibiciones como la que disfrutamos ante Yugoslavia. Frente a gente implacable como Bodiroga o Stojakovic, España aplicó un torniquete de tal calibre que una y otra vez a los sorprendidos y orgullosos yugoslavos se les hacía de noche y, cuando se querían dar cuenta, los 24 segundos de posesión se consumían ante su desesperación. Esta constancia defensiva posibilitó que las lagunas ofensivas que sufrió en el segundo tiempo pudiesen ser paliadas, y así llegar al terreno Navarro, donde los partidos se decantan en un par de jugadas. De esta forma el equipo español ha conseguido aunar sus capacidades individuales poniéndolas al servicio del equipo, dándole una nueva dimensión y subiendo el peldaño necesario para hacerle competitivo incluso en las situaciones más exigentes. Sin perder su capacidad de seducción, la han completado con el sacrificio que exige la dedicación defensiva, completando un cuadro sugerente que está llamado a hacer historia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de septiembre de 2002